Representantes de las comunidades de pueblos originarios fueguinos de Tierra del Fuego viajan a Francia a exponer sobre sus culturas ancestrales, en el marco del mes de la ciencia y la cultura que se desarrolla en ese país. El 2019 fue declarado por la ONU el Año internacional de las Lenguas Indígenas, con el fin de difundir su importante aporte a la cultura de los pueblos.
La secretaria de Relaciones Internacionales Cecilia Fiocchi destacó la presencia en Francia de los representantes de las comunidades originarias: “Es un orgullo para todos los fueguinos que integrantes de las comunidades originarias puedan participar de eventos internacionales como este, que es impulsados por investigadores de la Universidad de la Sorbona y del Centro Nacional de Investigaciones Científicas, instituciones académicas francesas de gran prestigio”. “Es una oportunidad para visibilizar las culturas ancestrales de nuestra provincia” valoró.
Mirtha Salamanca, integrante de la comunidad selk´nam de Río Grande, Víctor Vargas, integrante del pueblo yagán de Ushuaia y José González Calderón, de la comunidad yagán de Puerto Williams viajan a Francia a exponer sobre las culturas ancestrales originarias de Tierra del Fuego.
Mirtha Salamanca es integrante del Consejo Nacional de Pueblos Indígenas, como representante del pueblo selk´nam. “Viajaremos a Francia invitados por investigadores de ese país, para visibilizar allí nuestra cultura ancestral y complementar una serie de investigaciones que estamos realizando sobre nuestro pueblo. Además de participar como expositores en charlas y conferencia en distintas partes del país, podremos visitar los archivos de Anne Chapman, quien fue una gran investigadora de nuestra cultura y complementar los estudios que nosotros venimos realizando para dar a conocer nuestra cosmovisión. Tenemos la esperanza de que esto promueva el arraigo a nuestra tierra y el derecho a la identidad originaria” expresó.
Por su parte, Víctor Vargas es autor del libro “Mi Sangre Yagán”, editado en 2017 por la Editora Cultura Tierra del Fuego y trabaja en el Museo del Fin del Mundo de Ushuaia, desde donde promueve mediante charlas e investigaciones, la cultura e historia de su pueblo. “Esto se trata de unir el pasado con el presente. Los yaganes son la comunidad humana que habitó de forma permanente la parte más al sur de todo el continente.
En cuanto a José González Calderón, reside en Puerto Williams, Chile y cabe destacar que es sobrino de Cristina Calderón, quien fue declara tesoro humano vivo, ya que es la última hablante nativa viva de su lengua yagán. Este año, ha sido declarado por la ONU el año internacional de las lenguas indígenas.
Científicas sociales del CONICET comparten sus estudios culturales y vivencias en relación a las lenguas de los pueblos originarios / lenguas indígenas de Argentina
CONICET/DICYT Cancha, poncho, gaucho, morocho, carpa, vincha, pucho… una gran cantidad de palabras de nuestra habla cotidiana provienen del quechua, lengua incaica que desde hace quinientos años tiene contacto con el castellano. El quechua es una lengua originaria con gran vitalidad, en sus distintas variantes, en algunos territorios de Argentina, Bolivia, Perú, Brasil, Chile, Colombia y Ecuador. Sin embargo, esta no es la única: en Argentina hoy se hablan al menos catorce lenguas indígenas, de las treinta y cinco que se hablaban antes de la llegada de los españoles. ¿Qué se conoce sobre ellas? ¿Por qué es importante cuidarlas, valorarlas y promoverlas?
“En nuestro país, tenemos 39 pueblos indígenas –mbyá-guaraní, mocoví, pilagá, toba-qom, wichí, huarpe, entre otros–, algunos son numerosos y otros más pequeños. Según las estimaciones del último censo poblacional (INDEC, 2010), de los 40 millones de habitantes, el 2,4 % se declara indígena, es decir, más de 950 mil personas”, explican las antropólogas e investigadoras del CONICET Ana Carolina Hecht, Noelia Enriz y Mariana García Palacios.
Carolina estudia la socialización lingüística, la vitalidad y el desplazamiento de la lengua toba qom en distintos espacios (familiar doméstico, escolar) en comunidades qom urbanas de la provincia de Buenos Aires del Chaco; Noelia trabaja con comunidades mbyá-guaraní en Misiones investigando los saberes que circulan tanto dentro como fuera de la escuela intercultural bilingüe, y Mariana analiza cómo los niños de barrios qom de Buenos Aires y del Chaco construyen sus conocimientos del mundo social, especialmente los religiosos, en contextos comunitarios y escolares interculturales. Juntas participan del proyecto “Interculturalidad y educación en comunidades toba/qom y mbyá-guaraní de Argentina: una aproximación histórico-etnográfica a la diversidad étnica y lingüística en las escuelas”, que forma parte del Programa de Antropología y Educación de la Universidad de Buenos Aires.
Sus investigaciones las han llevado incluso a tener experiencias de cohabitación durante el trabajo de campo. “Yo me quedaba un tiempo con la población con la que estaba trabajando. También hacemos observación participante: formamos parte de las actividades de las comunidades”, relata Noelia. “Tratamos de desarrollar actividades que nos demandan las mismas comunidades,” –agrega Carolina– “por ejemplo, charlas y talleres en escuelas bilingües interculturales y en institutos de formación docente en donde debatimos sobre interculturalidad, niñez indígena, lenguas en contacto, diversidad y desigualdad”.
Lenguas indígenas y territorio
Según las científicas, las lenguas indígenas argentinas son las que provienen de familias lingüísticas oriundas de nuestro territorio; al mismo tiempo, también existen otras lenguas que se hablan en Argentina pero que fueron traídas por la acción migrante de países limítrofes. “Los pueblos indígenas siempre son más numerosos que las lenguas indígenas porque muchos pueblos han dejado de hablar sus propias lenguas como consecuencia de procesos históricos de invisibilización, discriminación, negación, sometimiento, entre otros factores”, señala Hecht.
En la actualidad, el abanico de situaciones es muy diverso: lenguas que ya no se hablan, otras que tienen un solo recordante, situaciones de bilingüismo, comunidades indígenas en las que predomina el español, comunidades en donde la lengua indígena se mantiene vital en el medio familiar y comunitario. “Esas situaciones pueden incluso atravesar un mismo pueblo: niños qom que hablan español como primera lengua y otros que tienen el español como segunda”, agrega Mariana.
La población mbyá es un caso muy particular. Tiene su propia lengua y habita en Misiones, en parte de Paraguay y Brasil. La lengua oral les permite a sus hablantes comunicarse en los tres países como lengua franca. Sin embargo, se escribe de manera distinta en los tres territorios. “En uno, tiene influencia del portugués; en Paraguay, del guaraní estándar, y aquí del castellano, –cuenta Noelia– por ejemplo, lo que para nosotros suena ‘ch’, en Brasil se escribe con ‘x’. Esto muestra la complejidad de la lengua indígena”.
El enorme desafío de la escuela
Todo este complejo escenario representa un gran desafío para la Educación Intercultural Bilingüe (EIB), modalidad del sistema educativo que garantiza el derecho constitucional de los pueblos indígenas. Plasmada en la Ley de Educación Nacional Nº 26.206 (capítulo XI, artículo 52), la EIB “promueve un diálogo mutuamente enriquecedor de conocimientos y valores entre los pueblos indígenas y poblaciones étnica, lingüística y culturalmente diferentes, y propicia el reconocimiento y el respeto hacia tales diferencias”.
Sin embargo, las investigadoras perciben que estas situaciones dispares y llenas de matices por las que están atravesando las lenguas indígenas no son siempre contempladas en las políticas educativas. “La legislación de la EIB está más bien orientada a niños indígenas que habitan en contextos rurales, hablan la lengua indígena y tienen muy poco contacto con el español. Mientras que la situación más generalizada en el contexto actual muestra niños indígenas en contextos urbanos, con distinto dominio de la lengua indígena”, manifiesta Carolina.
Para las científicas sociales lo ideal sería que esas legislaciones contemplasen la diversidad de realidades y matices sociales. “La educación intercultural bilingüe debería ser un desafío del que todos participemos; una forma educativa para toda la sociedad argentina y no solo para las poblaciones étnicamente marcadas; y así dar cuenta de que Argentina es un país multicultural. Además habría que pensar intervenciones en las que participen las propias comunidades, y no solo intervenciones desde afuera”.
Reconocer la historia para mirar el futuro
“El hecho de que un pueblo ya no esté hablando activamente su lengua en la actualidad, no lo hace menos indígena”, plantea Carolina quien trae a colación la dimensión histórica para analizar esta cuestión. “Ciertos procesos históricos fueron los que condicionaron las distintas situaciones que tenemos hoy en día. Si solo miramos desde el presente, vamos a tender a jerarquizar las situaciones actuales sin tener en cuenta los procesos que llevaron a que esas situaciones existan. Las vinculaciones entre lengua e identidad son siempre muy complejas, porque incluso, en la escuela, muchas personas son vistas como menos indígenas por no hablar la lengua indígena”. “La lengua es importante para la identificación de los pueblos pero, a su vez, no es el único rasgo de identificación”, añade Mariana.
Noelia se pregunta: “¿Por qué no mantener la riqueza cultural de un país? ¿Por qué negarla? ¿Por qué pedirles a las personas que sean otra cosa? La diversidad es patrimonio argentino. No hay nada que nos haga pensar que atentar contra la diversidad no sea pernicioso para la sociedad. Además, en este caso, la diversidad tiene que ver con los orígenes del espacio en donde el país se desarrolla en la actualidad y estas poblaciones son previas a los estados-nación”.
Para cuidar y proteger la diversidad lingüística, “primero tendría que haber una planificación lingüística y políticas educativas que partan de este complejo escenario actual”, sintetizan. Por eso, “sería interesante propiciar más espacios en donde se reflexionen y debatan estas cuestiones para ir desarmando ideas que están muy cristalizadas en el sentido común más generalizado” y, finamente, fortalecer la legislación en Educación Intercultural Bilingüe para que no sea solo un ideal sino que se materialice en la práctica en todo el territorio nacional.
De Puerto Edén al Bronx, del Pacífico al Atlántico. Esta es la historia de un sobreviviente. Peteyem era su nombre, pero al nacer fue separado de su pueblo originario, cambiaron su identidad y la lucha política de los 70 lo llevó a otros mares, otras costas. Hoy, Carlos Edén sueña con dejar EE.UU. y encontrarse con los suyos en los canales magallánicos. Los pocos que quedan.
Carlos Edén calcula que tiene 75 años pero no sabe su edad exacta. Tampoco conoció a sus padres. Al igual que muchos kawésqar fue arrancado de su lugar de origen. Fue inscrito en el Registro Civil con un nombre y fecha de nacimiento arbitrarios tras ser adoptado por un funcionario de la Fuerza Aérea en Puerto Edén. El apellido Edén se lo pusieron por ese pueblo al sur del Golfo de Penas, en la XII Región de Magallanes, donde nació.
Como buen nómade del mar, de adulto se hizo patiperro y llegó a Nueva York en 1978. Hoy vive en el Bronx y se convirtió en activista de causas indígenas. Perdió la lengua kawésqar y ahora habla inglés. De pelo canoso y ojos tristes y achinados, a fines de los 70 fue preso político en Argentina, tras las torturas quedó sordo y por ese motivo fue llevado a Nueva York como refugiado político.
Nueva York, 2016
Carlos no bebe alcohol y saca un botellón de jugo de manzana. Es lo que toma para celebrar el Día de Acción de Gracias. Lo invito a mi departamento en Brooklyn a pasar este feriado gringo que nos vemos obligados a festejar. Nos conocimos en Washington Square en la marcha feminista #NiUnaMenos mientras yo estudiaba un máster en Escritura Creativa en la Universidad de Nueva York. Carlos es asiduo a todas las manifestaciones y protestas neoyorquinas de todas las causas, políticas y medioambientales habidas y por haber. La primera vez que me contó que era kawésqar, casi me atraganté Y más de alguien se preguntará: ¿Cómo llega Carlos a Nueva York? En realidad, es una pregunta que yo también me hice. La respuesta se remonta a un puñado de décadas de atrás.
Puerto Edén, 1943
Al nacer, sus padres kawésqar lo llaman Peteyem. Tras el parto, su madre muere de neumonía porque ya no usa sus vestimentas originales y el aceite de lobo marino, con el que es capaz de navegar y mariscar en canoas en aguas gélidas, es sustituido por ropas “civilizadas”, causa de esa extraña enfermedad que nunca ha sufrido. Su padre muere a los pocos días, dicen que de pena. El pequeño Peteyem también enferma de neumonía, pero un ritual kawésqar lo salva. Lo ponen de espaldas y con la concha de una cholga le hacen unas pequeñas incisiones en su estómago que conserva hasta hoy. Es una petición a Atkasap, el dios bueno, para que lo proteja y Ayayema, representación del mal, se aleje de él.
La Fuerza Aérea de Chile inaugura una radio-estación en Puerto Edén en 1937. Ese hito cambia su vida. El primer jefe de la estación es el suboficial Carlos Gaymer, quien lo adopta junto a la niña Ana Rosales Ulloa, que se transforma en su hermana. Peteyem es rebautizado como Carlos Edén.
-Me recogieron de guagua. La separación fue brutal con mi gente. Me daban permiso para ir a jugar con los kawésqar chicos, pero no es que estuviera todo el día correteando con ellos. Me miraban diferente los cabros. Ellos andaban embarrados y yo limpio y hablaba español. Ahí se me fue perdiendo mi lengua kawésqar. No recuerdo nada. Por ética ahora no hablo nada en kawésqar.
Los niños kawésqar como él se reúnen día a día en la cocina de la estación a tomar desayuno bajo el cuidado de Raquel Verdugo, esposa de Gaymer.
-El desayuno era preparado amorosamente por la mamá Raquel. Después venían los juegos infantiles. Me subía a la antena de la radio estación de la que era imposible bajarme. Mi padre y los demás funcionarios corrían para rescatarme y ponerme en tierra firme. A causa de mis travesuras me castigaban. El “arresto” lo cumplía en un pequeño cuarto, ubicado en el segundo piso, en el dormitorio de mi abuelita Matilde. Gracias a la mamá Raquel pronto me levantaban el castigo.
Hace una pausa como si estuviera haciendo memoria. De pronto rememora sus viajes de niño en bote a ver alguna ballena varada.
-Recuerdo el olor a ballena cuando la faenaban. A la caza del lobo marino no iba. El espectáculo era fuerte. Muchos años después, papá Gaymer se arrepintió de la caza de lobos.
Su proceso de transición a lo “occidental” es brutal. No es el único. Las enfermedades propias de hombres blancos, como la tuberculosis, diezman a los kawésqar en Puerto Edén.
La familia Gaymer deja Puerto Edén, se traslada en barco a Valparaíso y es en ese viaje donde Carlos conoce las manzanas y otras cosas que nunca ha visto. Como no sabe qué son los autos, en la Avenida Pedro Montt Carlos sufre un accidente al caer de un taxi en movimiento tras abrir la puerta sin querer. El primer encuentro con sus primos Gaymer es traumático. Piensan que él es una especie de momia porque aún conservaba el vendaje del accidente que cubre toda su cabeza y cara y solo deja sus ojos libres. Luego fallece su madre Raquel de un tumor en el estómago, mientras su padre trabaja en Quintero.
Santiago, 1950
Sin nadie que lo cuide el pequeño kawésqar llega a Santiago a la casa de su tío Alfredo. Entra al colegio Pan American en el paradero seis y medio de Gran Avenida, en San Miguel, donde le ponen su primer sobrenombre: El Chino.
-Fueron mis inicios del aprendizaje del inglés, ya que el director Mr. Grass era ciudadano británico. Dedicaba mi tiempo libre a salir con mis compañeros de curso, pasar las tardes en la Gran Avenida y jugar fútbol. Mi puesto era de arquero. Me decían El Araña Negra porque tenía pantalón, medias y camiseta negra. Nuestro rival era un curso del colegio Miguel León Prado y los lugares de enfrentamiento eran las antiguas canchas de Ochagavía. Desde esa época ya era de Colo-Colo. Mis primeros ídolos al arco fueron Carlos Espinoza de Everton, quizás porque salió campeón en esa época, y después Misael Escuti y el Sapo Livingstone. Las revistas Estadio y Barrabases eran mi predilección. La llegada del sábado o el domingo era otro acontecimiento porque íbamos al cine. La primera película que vi fue Los tres caballeros, de Disney. Veíamos las mexicanas de Pedro Infante y Jorge Negrete. Recuerdo las matinés del cine Metro y los paseos en un pequeño tren que estaba en Quinta Normal. Mi “hermana” Ana Rosales Ulloa entró interna en el María Auxiladora, colegio de monjas en el paradero 6 de Gran Avenida. Después fue trasladada al Convento de las Adoratrices de Viña del Mar y perdí el contacto para siempre con ella. Años después conocí su trágica historia y su triste fin. Quedó embarazada, de un día para otro desapareció de la casa donde trabajaba como nana y tiempo después encontraron su cuerpo. Murió de hambre con su hijo recién nacido entre los brazos.
De su llegada a la capital se acuerda de un espectáculo de equilibristas en la Plaza de la Constitución, que cruzan a través de un cable, desde el Hotel Carrera hasta el edificio del frente, usando una bicicleta o una moto.
-Me impresionó. También recuerdo estar en los hombros de papá Gaymer, rodeado de una multitud, viendo el paso de Carlos Ibáñez del Campo acompañando a Juan Domingo Perón en su visita de 1953 o recorrer las calles vacías de Santiago el día en que se supo en Chile de la muerte de Gabriela Mistral.
Iquique, 1956
Su adolescencia y juventud la pasa en Iquique. En esa ciudad estudia en un colegio inglés, donde aprende algunas nociones de ese idioma que le sería de utilidad más adelante.
-El colegio celebraba los 4 de julio de cada año la Independencia de Estados Unidos. Aprendí la historia de ese país, canciones en inglés como el himno de los marines. Fueron surgiendo otras amistades como los hijos del personal de la base aérea de la Fach. Nos hacíamos llamar Los Halcones Negros por una revista de cómics que relataba las aventuras y desventuras de un grupo de aviadores que luchaban durante la Segunda Guerra Mundial contra los malos. Yo era Chop-Chop en alusión a un “chinito” que ayudaba a Los Halcones Negros. Los halcones tenían un jefe semanal que era llamado El Halcón de Oro. Las actividades del grupo eran hacer cualquier maldad que impactara a los iquiqueños como cambiar de lugar un pequeño busto de O’Higgins que había en la ciudad. La hazaña fue publicada en el diario Tarapacá, algo de lo cual no nos podíamos vanagloriar por razones obvias.
A los 15 años entra a la Armada para convertirse en marino. A los 20, se siente enjaulado en la Escuela de Grumetes, se aleja de su familia adoptiva y se lanza a una vida patiperra por Puerto Montt y Concepción, lo más cerca posible de sus canales magallánicos. Su vocación viajera y nómade de kawésqar no la para nadie.
Para las últimas elecciones presidenciales chilenas participó del comité del Frente Amplio de Nueva York.
Santiago, 1973
Durante el gobierno de Salvador Allende vive en Estación Central y, aprovechando su entrenamiento militar, se integra al MIR y se enfrenta a Patria y Libertad.
-La dirigencia de Patria y Libertad era una élite y le pasaban unas cuantas lucas a unos patos malos para armar los grupos de choque con linchacos. Los de la dirigencia solo se sacaban fotos con las camisas blancas, los cascos blancos y el símbolo de la araña. Íbamos a Providencia arriba de camiones y ahí nos bajábamos a pelear con ellos. El 11 de septiembre de 1973 me pilló en una sede del MIR en la población Gabriela Mistral, entre General Velásquez y 5 de Abril, al lado de la Villa Francia, pero no teníamos armas para resistir.
Argentina, 1978
Para escapar de los allanamientos en Estación Central se refugia en Argentina con la esperanza de organizar allá el nuevo “ejército libertador”. En Mendoza, cae preso y los militares argentinos lo trasladan a Buenos Aires.
-Me detuvieron por sospecha. En un cuartel me interrogaron, me preguntaron si era espía chileno en la casi guerra con Argentina. Me salvó el Mundial de Fútbol del 78. Antes del Mundial, llegaron veedores internacionales, el Comité de Migraciones Europeo y veedores de Estados Unidos. Como prisionero político fui llevado con esposas hasta el aeropuerto de Ezeiza y de ahí me recibieron como refugiado en EE.UU. Apenas caminaba. Parecía una película.
Nueva York, 1978
-Sin pasaporte, sin nada, llegué. Poquito antes del Mundial del 78. Llegué a Queens y ahí vi el primer partido del Mundial. Luego me hospitalizaron, me operaron, estuve tres años hospitalizado. En Argentina, me reventaron los oídos y quedé medio loco, andaba hablando puras cabezas de pescado. Después se me quitó. Me curé solo, no hubo tratamiento psicológico o psiquiátrico. Tenía sentimientos de culpa de dejar compañeros muertos, desaparecidos y me preguntaba porqué yo estaba aquí, porqué me había salvado. Le anduve haciendo al copete. Las actividades de solidaridad con Chile me chocaban. Iba porque era chileno y estaba reconocido por el movimiento de los exiliados, pero salía de ahí y volvía a caer como en un hoyo negro profundo.
Nueva York, 2018
Carlos Edén poco a poco se acostumbra a Nueva York, trabaja en una fábrica de ropa y decepcionado de la política tradicional, se enfoca en el activismo indígena. Para las últimas elecciones presidenciales chilenas participa del comité del Frente Amplio de Nueva York y en 2017 vota por primera vez desde el extranjero.
La historia de Carlos recuerda la de Yokcushlu, conocida como Fuegia Basket, y Elleparu, conocido por York Minister, dos kawésqar de Tierra del Fuego tomados prisioneros en 1830 por Robert FitzRoy, capitán del barco Beagle, y llevados a la fuerza a Inglaterra, donde fueron presentados ante la realeza y aprendieron inglés. Carlos sabe que su cultura original está en peligro de desaparecer y lo único que quiere es volver a su natal Puerto Edén, aunque de su pueblo originario solo sobreviven unos pocos. Es uno de los últimos kawésqar. Quizás por ese motivo su historia atrae a investigadores y artistas como Paz Errázuriz, quien lo fotografió en Nueva York a fines de los 90 para su serie Nómades del mar. Por esa exposición visita Puerto Edén por primera vez después de 50 años.
-Mi pueblo espera la extinción. Y no hay kawésqar en Nueva York. Solo soy yo. Como buen kawésqar, nunca me resfrío en invierno. Me resfrío en verano. Soy al revés.
Justicia para Camilo Catrillanca, una de las luchas de Carlos Edén en Estados Unidos.Carlos Edén se ha transformado en un activista indígena en Nueva York. En esta foto aparece en una de las protestas por el asesinato de Camilo Catrillanca a manos a Carabineros.
Los involucrados aseguran que en este registro sonoro hay varias familias, pero desde que se dio a conocer la situación sólo se hablaba de una línea genealógica.
El martes 13 de febrero de este año, la sala de la Corte de Apelaciones de Punta Arenas rechazó un recurso de protección presentado por los familiares de la fallecida Margarita Molinari Edén, por la difusión de cantos y relatos del pueblo originario, los cuales fueron recopilados en 1971. El reclamo se hizo en contra de la productora Etnomedia y Consultora Limitada, el entonces Consejo Nacional de la Cultura y las Artes (ahora seremi de las Culturas, las Artes y el Patrimonio) de Magallanes y un académico del Departamento de Antropología de la Universidad de Chile por la difusión de cantos y relatos del pueblo originario, los cuales fueron recopilados en 1971.
La acción fue presentada por Margarita Vargas Molinari, nieta de Margarita Molinari. A pesar del traspié, la descendiente kawésqar busca presentar el recurso de protección nuevamente, y para ello cuenta con el apoyo del director ejecutivo de la Fundación Mi Patrimonio, Pedro Muñoz Hernández. Cabe señalar que la distribución del disco se detuvo.
Ante esta situación otros integrantes de la etnia kawésqar se informaron sobre el recurso de protección y escucharon el contenido del disco, descubriendo que no sólo estaban los cantos de Margarita Molinari Edén, sino también el de otros antiguos miembros, al menos el de cinco familias más. Esta situación llamó la atención de los descendientes, ya que estaban convencidos que sólo una familia estaba teniendo el problema, pero ahora saben que son más los involucrados y desean que este dato sea considerado en las gestiones futuras.
“Entonces con varios compañeros del pueblo y me dije aquí hay algo que no está bien, entonces concluimos que la señora no está enfocando bien las cosas. Creo que es súper necesario dejar las cosas en claro. Por eso hacemos esto ahora”, señaló María Luisa Renchi, quien representa a un grupo de kawésqar que pide aclarar la situación.
La descendiente indígena de igual forma entregó una carta, en donde se explica que los cantos han sido transmitidos de generación en generación a través de la oralidad. De igual forma se precisa, “hoy manifestamos nuestra tristeza pues algunos de estos cantos e historias se encuentran bajo el escrutinio de un juez, que poco conoce de nuestra historia. Hemos sido mutilados, separados, puestos en exhibición, asentados, sin derecho a navegar y sometidos a leyes que no entendemos. Nuestros son estos cantos que fueron replicados desde tiempos inmemorables para llegar a nosotros. Estos nos pertenecen a todos los miembros del pueblo kawésqar, se debe consagrar el uso responsable, pero este no puede recaer en la propiedad de nadie, así sea un miembro del pueblo. Así mismo con las investigaciones particulares de instituciones o personas que no pertenecen a nuestro pueblo. Queremos dejar esto de manifiesto, pues que quede bien claro la propiedad de la historia nos pertenece, a quienes poseemos un pasado ancestral en la Patagonia”.
“Las investigaciones sobre nuestros pueblos originarios se renuevan y fortalecen con el paso del viento. Ahora en manos de una joven científica, Lauriane Lemasson, que viajó desde Bretaña, un pueblo francés, hasta el sur del Estrecho de Magallanes, empujada por la pasión que le despierta el conocimiento, la belleza de los paisajes y las voces de la naturaleza. Esta noche vamos a juntarnos a hablar con ella en Radio Acción, 88.7 fm. Para llevar a cabo un trabajo así no sólo hay que disponer de una gran fuerza de voluntad, sino además de una sensibilidad extraordinaria. No se lo pierdan.”
“No se olviden de eso, nadie conquista, porque ellos ya estaban aquí, y aunque hayan hecho un genocidio, la memoria de ellos aún vive y persiste, para que estos hechos no sucedan más”, comentó una indígena en el lugar. La intervención artística fue fruto de un trabajo de un historiador y una actriz de la Universidad de Magallanes.
Una intervención urbana en la Plaza de Armas de Punta Arenas, en alusión a un “remate de indios” que hubo allí en 1895, se realizó este miércoles en la ciudad.
El 3 de agosto de ese año llegaron 165 selk’nam desde Tierra del Fuego hasta el muelle de Punta Arenas, esperando a ser repartidos entre los vecinos de Punta Arenas para incorporarlos como verdaderos esclavos, a través de servidumbre y reeducación, mientras la mayoría perecía por las enfermedades y malos tratos. El 7, 8 y 9 de agosto de 1895 se realizó el reparto, bajo el mando del gobernador Manuel Señoret.
Este triste hito histórico fue recordado por un grupo de voluntarios al mediodía, en una intervención de 20 minutos.
“Siento tristeza al ver que nuestros nativos eran maltratados, abusados, despreciados como personas; la sociedad aristocrática se unió al abuso teniéndolos como esclavos y ellos formaron parte de aquellos remates humanos”, comenta Carolina Quintúl Coliboro, representante kaweskar en la performance, a la cual además asistió Mirtha Salamanca, en nombre del pueblo selk’nam, quien llegó especialmente desde Argentina.
“Sin piedad se separaron familias enteras de sus hijos y no hubo ningún apoyo de justicia para ellos. Esta sociedad, que estaba formada por gente foránea, trajo todas sus maldades a nuestros pueblos, aplastándolos sin piedad, abusando, matando, pero aquí nuestros pueblos fueron los primeros habitantes. No se olviden de eso, nadie conquista, porque ellos ya estaban aquí y, aunque hayan hecho un genocidio, la memoria de ellos aún vive y persiste, para que estos hechos no sucedan más”.
La ceremonia
La performance fue organizada por Rodrigo González Vivar, profesor de Historia de la Universidad de Magallanes, en conjunto con Nitzamé Mayorga Gallardo, actriz y directora del grupo de teatro de la misma casa de estudios, así como el bailarín Ariel Oyarzún Sanhueza.
Inició su recorrido desde un punto cercano a la plaza, para contar los traslados desde Tierra del Fuego. Entre sus intérpretes hubo “niños, adultos, abuelos, magallánicos, nuevos migrantes, actores y no actores”, destaca Mayorga.
“En su mayoría las personas no tienen experiencia escénica”, explica. “Nos enfocamos en el trabajo más bien del simbolismo y significante, trabajamos con un guión que va presentando distintas estaciones, donde en cada una va desarrollando conceptos, por ejemplo, la extrañeza, el despojo, trabajamos con la imagen y lo coreográfico y luego desde el movimiento se instala la escena, siempre teniendo en cuenta no entrar en literalidad”, añade.
Los voluntarios cruzaron la calle Magallanes, que alude al estrecho homónimo, hasta llegar a una de las esquinas de la plaza, donde se vio cómo los esperaban sus “rematadores”, como el propio Señoret, Juan Contardi, Rodolfo Stubenrauch y Alberto Barra.
Luego las “víctimas” fueron llevadas al centro de la plaza y comenzó el remate, donde se vio cómo se produjo esta trasformación de ser indígenas hasta el momento de ser occidentalizados y con pérdida total de su idioma.
El público asistente también fue clave. En palabras de la actriz, “en el fondo ellos completan este hecho, representando a las personas que venía a ver este espectáculo, a dejarles ropas viejas para cubrirlos o rematar directamente”.
Acontecimiento histórico
La performance apunta a una reflexión sobre el hoy y “de cómo nos sentimos rematados en este presente, de cómo es nuestro actuar con la otredad y cómo reconocemos la identidad de lo distinto. La intervención, nos habla de una negación de una cultura, un territorio, un lenguaje, cómo se suprimió y se quiso trasformar un pueblo occidentalizandolos, quitándoles hasta sus nombres, para que la sociedad de esa época no se sintiera incomoda con su presencia, hasta llegar el punto del exterminio”, enfatiza la actriz.
“A la comunidad le impacta saber que hubo esclavitud en la ciudad, más aún con el pueblo selk’nam, donde la mayoría de la población siente empatía por la tragedia ocurrida con ellos. Realizar esta actividad es una novedad, ya que mucha gente se manifestó con el apoyo en asistir al lugar a ver qué es lo que iba ocurrir y también en participar dentro del equipo que realizó la intervención”, complementa González Vivar.
Para él, el “remate de indios” es un acontecimiento histórico que expone la tragedia sufrida por el pueblo selk’nam producto del proceso de exterminio y destierro para el desarrollo ganadero en Tierra del Fuego.
“La memoria de nuestros ancianos aún recuerda algunos hechos de abusos en contra de ellos, por ser humildes y apacibles”, comenta Quintul. “Es más, se recuerda del hecho de zoológicos humanos, en donde fueron llevados como especies raras o como exhibición de circo, y recordar cómo fueron humillados, maltratados, sacados de sus familias, pueblos, de su cultura, lengua y modismos”, expresa.
Mirtha Salamanca asistió a la performance en representación del pueblo selk’nam. Vino especialmente desde Argentina.
Actividades previas
El origen de la intervención artística tiene larga data. Mayorga inició hace un tiempo una vinculación con el Museo del Recuerdo del Instituto de la Patagonia de la universidad, y comenzó a desarrollar una línea de teatro museográfico. Este año trabajaron en una de las Casas Pioneras para hablar de la esclavitud en Magallanes, basándose en el “Sumario de los Vejámenes inferidos a Indígenas de Tierra del Fuego”, que data de 1895, se encuentra en el Archivo Judicial de Magallanes y relata el remate.
“Ya estábamos trabajando con el tema y cada vez que uno lee más sobre la historia de los pueblos originarios, te das cuenta de que es necesario hablarlo y que un gran porcentaje de la gente que vive en esta región no sabe de las atrocidades que vivieron y sobre todo los de Tierra del Fuego, porque entorpecían a los estancieros que llegaron a esa vivir tierras”, dice Mayorga.
Para el Día del Patrimonio reciente, en mayo, se realizó una performance de Teatro Museográfico en el museo. Allí se intervino una casa colonial de 1877, donde se presentó una escena sobre la esclavitud selk’nam en las casas de Punta Arenas como sirvientas y empleados domésticos para los adultos, mientras los menores eran tomados como “chinitos” para los mandados.
“Tras recrear este episodio, en conjunto con el grupo de teatro de la Universidad de Magallanes, decidimos hacer una actividad sobre el remate de 1895, pero esta vez en la Plaza Benjamín Muñoz Gamero (Plaza de Armas), debido a que está en el centro de la ciudad y con una metáfora interesante, al ver, al centro de la plaza, la imponente figura de Fernando de Magallanes por sobre los pueblos originarios”, explica González.
Además, como destaca Mayorga, la mayoría de las casas que están construidas alrededor de la plaza pertenecían a los principales exponentes y responsables de los vejámenes, como Sara Braun y José Menéndez.
Monumento en Plaza de Armas.
Práctica común
El remate de esclavos fue una práctica común en América, incluso bajo la figura de “encomienda”, creada por los españoles para mantener controlada a la población indígena.
En una entrevista del año 2014, el historiador argentino Osvaldo Bayer señala que en Argentina se realizó un “remate de indios” en enero de 1879. En esa ocasión, con avisos en los diarios: “Hoy entrega de indios a toda familia de bien que lo requiera, se le entregará un indio varón como peón, una china como sirvienta y un chinito como mandadero”.
“Aquí en Punta Arenas, cuando se realizó el remate en 1895, el 7, 8 y 9 de agosto, en un galpón en las cercanías del muelle, se publicaron algunas notas en el diario e incluso carteles en la ciudad, invitando a la comunidad a participar del remate”, dice González Vivar.
“Por lo que se sabe, es el único remate público del territorio, aunque también hay relatos sobre cómo se raptaba a indígenas para las faenas de trabajo, como los peleteros, buscadores de oro o navegantes que pasaban por los canales australes”, detalla.
Él destaca que la población de Punta Arenas repudió la ignominia a la que fueron expuestos los fueguinos, por lo que no se concretó la totalidad del reparto.
El destino de los rematados
El objetivo principal de la intervención fue dar a conocer este hito histórico poco conocido, “ya que generalmente se habla de que hubo un genocidio y etnocidio”, dice.
“Sin embargo, hubo sobrevivientes, supervivientes, a situaciones adversas, pero que lograron mezclarse en la sociedad, aunque desplazados del relato histórico: con una nueva identidad occidental, fueron olvidados y silenciados con el paso del tiempo”, explica.
Poco se sabe del destino de los indígenas rematados. “Los menores de edad fueron los primeros rematados, por lo que eran bautizados bajo la religión católica con un nuevo nombre cristiano”, cuenta.
“Algunos provenían desde las misiones salesianas, por lo que también venían evangelizados y con otra identidad. En la Región de Magallanes y Antártica chilena no se ha manifestado descendencia directa o indirecta”, precisa.
Agrega, sin embargo, que no se puede descartar que en algún momento pudieron ser parte de un matrimonio con una pareja occidental y después formar una familia que continuaba la descendencia cultural milenaria, transmitiendo el lenguaje y el patrimonio cultural ancestral, como ocurre en Río Grande (Tierra del Fuego, Argentina), donde existe una comunidad de familiares descendientes del pueblo selk’nam que esperan continuar compartiendo su cultura.
Aserradero de la misión San Rafael.
La actividad, en todo caso, no solo apuntó al pasado, sino también al presente, para invitar a la reflexión “sobre cómo estamos viviendo una situación similar pero con actores distintos: ayer fueron vejados los selk’nam, hoy son los migrantes, las minorías sexuales, otros pueblos originarios, las mujeres, personas con diversidad funcional y todas aquellas personas que son consideradas como ‘otros'”.
“De cierta forma es cíclico, y es nuestra misión compartir este pensamiento con nuestra comunidad e invitarles a dialogar con el otro, con lo distinto”, concluye.
Una investigadora francesa se encuentra desarrollando un importante trabajo en la Isla Grande de Tierra del Fuego, para tratar de analizar “el medio ambiente sonoro de los pueblos nómadas del sur del Estrecho de Magallanes, con el recurso sonoro como recurso cultural”. Recorrió miles de kilómetros y grabó más de 50 horas de sonidos para tratar de comprender más sobre la cultura, la mitología y las vivencias de los pueblos originarios. Su trabajo fue seleccionado entre muchos otros por la Universidad de La Sorbona.
Lauriane Lemasson es una joven francesa, oriunda de la zona de Bretaña, que trabaja en la región para presentar su tesis final en la Universidad de La Sorbona, basada en un estudio multidisciplinar del medio ambiente.
Se encuentra en Río Grande, desde donde viene realizando viajes en embarcación y a pie recorriendo distintas zonas de la Isla Grande de Tierra del Fuego, tanto chilena como argentina; para recopilar datos, experiencias, sonidos y vivencias que le sirvan para realizar su trabajo, donde se combinan áreas como la etnografía, la ecología sonora y la geografía.
“Grabar el sonido de los pájaros, saber en qué momento aparecen, descubrir el eco que se produce en distintos lugares y leer la forma de las nubes”; enumera Lemasson, cuando se refiere a las múltiples tareas que viene desarrollando, como para avanzar en un estudio que le sirva para transportase hasta los tiempos en los cuales shelknam, yámanas y alakalufes poblaban la zona, en armonía con el medio ambiente.
“Esta es mi tesis para el doctorado, porque el máster lo realice en el año 2013 con una expedición en la parte argentina. Recorriendo el lugar durante tres meses y medio con una mochila, la cámara fotográfica y un grabador. Estuve caminando a lo largo de 2 mil kilómetros, grabando sonidos, recorriendo el territorio que ocupaban los shelknam; para tratar de ser parte del medio ambiente y entender un poco sobre él, sobre sus sonidos, la meteorología; leyendo las marcas que aparecen y recopilando información”, contó la investigadora francesa, respecto del estudio que viene realizando, y que pasó por distintas etapas desde el año 2013.
Tiene 50 horas de grabación de diferentes sonidos y pudo relacionar “los cantos que grabó Anne Chapman de Lola Kiepja” con los sonidos registrados. Los audios también le sirvieron para entender “la presencia de los sonidos en la mitología, porque hay muchos mitos que describen esos ruidos, cantos y toda la cuestión sonora”.
“A mí me parece que el sonido tiene un efecto más sensible, hay una vibración, una resonancia y es una manera de comprender y sentir el territorio. Son como firmas sonoras, es una parte de la identidad del territorio. Les resonancias, el eco, el silencio total; eso fui a buscar entre el musgo y la turba”, relató Lauriane Lemasson.
El tipo de trabajo que se encuentra realizando tiene antecedentes en zonas urbanas, pero no en esta región elegida por la profesional francesa. Dice que se decidió por el extremo sur de la Patagonia por referencias que tuvo de la zona durante su época de estudiante, plateándose concretar el desafío después de un duro accidente automovilístico que la llevó a sentir la necesidad de realizar ese sueño.
El proyecto de investigación que lleva adelante fue seleccionado entre muchos otros por la Universidad de La Sorbona, para ser implementado durante tres años. En su recorrido marcó más de 3 mil puntos diferentes en el territorio, descubriendo lugares y sonidos.
“Se trata de comprender una cultura, no solo desde su dimensión arqueológica”, remarcó. Ahora se plantea la tarea de recopilar todo el material para su tesis, comprometiéndose luego a publicar el trabajo para que sea conocido. Los interesados pueden acceder al proyecto y tomar contacto con Lauriane Lamasson en la página www.karukinka.eu
Familia directa de Margarita Molinari, reconocida kawésqar de Puerto Edén, denuncia no haber sido consultados antes de distribuir material con los cantos de su abuela.
A través de un programa de televisión que transmitía el canal de la Universidad de Magallanes (Umag), Margarita Vargas Molinari y su familia se enteraron de que unos investigadores de la Universidad de Chile habían producido y editado, a través de un Fondo de Desarrollo Artístico (Fondart), un material audiovisual con los cantos y diálogos de sus ancestros, para ser distribuidos por la dirección regional del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes (CNCA).
Se trata de composiciones hechas por su abuela y su abuelo para ella y sus hermanos, untesoro familiar que “pertenece a su privacidad, la cual fue vulnerada -según expresa Margarita Vargas- ya que ni siquiera nos pidieron permiso a nosotros, su descendencia directa, para hacerlo”.
Los registros datan del año 1971 y fueron hechos por la antropóloga de la Universidad de Chile, María Ester Grede, quien falleció en 2012. Cabe señalar que en la época que la doctora recogió el material, no existían normas o regulación alguna que estableciera la forma en que los investigadores debían aproximarse a la cultura de los pueblos originarios y a sus integrantes, que fueron tratados en muchas ocasiones como verdaderos “objetos”, no respetando su intimidad.
Por aquel entonces, la doctora Grede contaba con la confianza de la familia de Margarita Molinari y habitualmente pasaba bastante tiempo con ellos, grabándolos cuando cantaban o contaban cuentos. Ella se llevó esos registros a Santiago, pero jamás los editó. Tras su fallecimiento, este material quedó archivado en alguna biblioteca de la Universidad de Chile.
En el año 2008, Mauricio Pineda, quien fue alumno de la antropóloga Grede, comenzó a trabajar con el material de la familia kawésqar que su mentora había guardado. En el 2014, Pineda junto a su grupo de investigadores “Etnomedia” se adjudicaron recursos a través de un Fondart con el fin de editar el material para luego entregárselo a las comunidades indígenas de Magallanes.
Así fue que los CD llegaron a las manos de José Tonko Paterito, otro reconocido kawésqar promotor de su cultura, quien, pese a ser de la etnia, no tiene conexión alguna con el tronco familiar de Margarita Vargas, la nieta de Margarita Molinari.
Finalmente, José Tonko Paterito recibió el trabajo y se lo entregó a la dirección regional del CNCA, para que lo distribuyeran entre las distintas comunidades de la zona.
Grosso modo, esa es la historia que llevó a Margarita Vargas a solicitarle al encargado de pueblos originarios de la dirección de Cultura Regional, Blas Flores, para detener la distribución del material.
“Ante la solicitud de Margatira Vargas, nosotros decidimos detener la distribucióndel material hasta que se estudie el tema de los derechos de autor. Si ella decidiera implantar alguna medida judicial al respecto, eso involucraría al investigador que creó el proyecto y no a Cultura”, explicó el director regional de la CNCA, Gonzalo Bascuñán.
Además indicó que este proyecto fue adjudicado en el año 2014, tiempo en que aún no era obligación solicitar el permiso de la familia o comunidad en estudio para difundir algún aspecto de su cultura.
Por su parte, Mauricio Pineda dijo estar sorprendido ante esta reacción, ya que normalmente los reclamos de las comunidades indígenas son a la inversa: “A nosotros es primera vez que nos toca un caso de esta índole, ya que los reclamos de las comunidades tenían que ver con que estos materiales circulaban exclusivamente en el ámbito académico y ellos no tenían acceso a éstos. Entonces, el propósito de nuestro proyecto es justamente restituir socialmente estos materiales a la comunidad”.
Y reconoce, por otra parte, que éste es un tema delicado porque se enfrentan a la sensibilidad de las personas. “Por eso, bajo ninguna circunstancia nos interesa pasar a llevar a la señora Vargas, pero también creemos que el valor principal de los materiales se adquiere cuado éstos pueden retornar al grupo cultural kawésqar en su conjunto”, comentó.
En Bahía Blanca se llevó adelante el “Primer foro pueblos originarios de Argentina, genocidio y argentinización”. Entre los más de 36 pueblos de todo el país, dijo presente la comunidad Selknam de Tierra del Fuego con su testimonio sobre el genocidio fueguino.
Los días 26 y 27 de Mayo en la ciudad de Bahía Blanca se realizó el “primer Foro Pueblos Originarios, Genocidio y Argentinización” que convocó a más de 36 pueblos originarios.
1er Foro Pueblos Originarios de Argentina en Bahia Blanca
En el encuentro estuvieron presentes diferentes actores sociales comprometidos con la causa, referentes y agrupaciones, sindicatos, gremios e instituciones que ayudaron a que dicho suceso se llevase a cabo.
Además contó con la presencia de Mirta Acuña de Baravalle, fundadora de las asociaciones Madres de Plaza de Mayo y Abuelas de Plaza de Mayo, quien a sus 92 años no dudó en sumarse a la lucha y permanecer durante toda la jornada pendiente de los testimonios y aportando el suyo propio.
El “Nunca más” de los pueblos originarios generó un espacio de intercambio necesario, autónomo y auto-gestivo, que aunó criterios y fortaleció el vínculo. “Lo que se busca es denunciar a los estados en su formación a partir del proceso homicida, el genocidio histórico y actual, que se evidencia mediante políticas represivas e invasivas de nuestros territorios, de nuestra gente y cultura, o por ocultamiento y/o silenciamiento en la agenda pública”, explica Miguel Pantoja.
Dicho foro obtuvo importantes testimonios de sufrimiento pero también de valor que demuestran que el proceso aún no acaba y sigue oprimiendo a los pueblos que resisten el embate. Desapariciones, agresiones verbales y físicas, el daño a la salud por agro-tóxicos, asesinatos, femicidios indígenas, o la negación de su existencia, dan cuenta de la realidad vivida cada día.
“Este evento ha marcado un paso esencial ya que reafirma que no estamos solos en la pelea y que a pesar de las eventualidades estamos vivos y dispuestos a dar todo por nuestros pueblos con mucha convicción y decisión”, afirma.
Bajo la consigna ‘por el buen vivir’ se ha consolidado un espacio vital que proclamó su voz para acabar con el avasallamiento y reclamar por la memoria, verdad y justicia. “Es un camino que se abre desde la marcha de mujeres originarias y que provoca un punto de inflexión y reflexión, que en gran medida, da respuesta al estado de cosas y establece pautas y un plan de lucha conjunto para atravesar la situación”, remarca.
En este orden asegura que “muchos se han quedado sin la posibilidad de participación debido a un boicot a la organización que a pesar de las circunstancias ha sido ejemplar, y ha plasmado su dedicación y esfuerzo a cada momento”.
Para Miguel, luego de un largo viaje de 3000 kilómetros, fue la oportunidad de presentar allí un escrito de aproximadamente 60 páginas, además de brindar un testimonio oral acerca del genocidio Selknam.
“He aquí una victoria de los antiguos que nos empujan para seguir en pie y luchar junto a las demás comunidades por nuestro bienestar. Este encuentro marca un hitoy representa el camino de la verdadera reparación histórica, el rescate de nuestros valores ancestrales y la autodeterminación de nuestros pueblos”, asevera.
Por último realizó un especial agradecimiento a “la luchadora Moira Millán, coordinadora del evento y principal responsable de esta unión que de muchas maneras viene a sanar y dar fuerzas para continuar. Todavía queda mucho por recorrer y este es un paso crucial”.
El próximo viernes en Punta Arenas (Chile) se realizará el lanzamiento del libro “La industria ósea entre cazadores-recolectores: el caso de los nómades marino de Patagonia y Tierra del Fuego”, el cual reúne los estudios efectuados por la arqueóloga e investigadora, Marianne Christensen.
El Próximo viernes en Punta Arenas (Chile) se realizará el lanzamiento del libro “La industria ósea entre cazadores-recolectores: el caso de los nómades marino de Patagonia y Tierra del Fuego”, el cual reúne los estudios efectuados por la arqueóloga e investigadora, Marianne Christensen, sobre los instrumentos y tecnología de los cazadores- recolectores nómades de la región, herramientas e instrumentos que perduraron en uso hasta el siglo XX y algunos en forma de artesanía, se mantienen hasta la actualidad.
En el acto, la autora explicará, en parte, los enfoques del escrito, en donde no sólo hablará sobre los objetos utilizados, sino que también develará los elementos tecnológicos y modos de confección. De igual forma se precisarán algunos detalles llamativos que se pudieron concluir, como que la transformación de la materia ósea de los animales de la época –empleada para la elaboración de herramientas y utensilios-, se relacionan con los instrumentos de otros cazadores del mundo y en particular con los paleolíticos del Viejo Mundo, la gran diferencia viene siendo que en la Patagonia se usan huesos de mamíferos acuáticos, mientras que en Europa usan de animales terrestres.
Por otro lado, Christensen señala que para ella fue particularmente interesante confrontar lo que decían los documentos históricos, con respecto a los instrumentos utilizados por los indígenas, con lo mostrado por la realidad arqueológica. Una característica que llama especialmente la atención, es la confección de cuchillos con conchas marinas, los cuales usaban para todo y manejaban con gran habilidad. Cabe destacar que el material empleado genera un poco de confusión, debido a su fragilidad, sin embargo los indígenas se las arreglaban para que funcionaran.
La confección del libro tardó alrededor de 5 años, ya que la autora durante ese tiempo estuvo yendo a las misiones arqueológicas francesas, de las cuales participa desde 1991 y sacó gran parte de la información usada.
Durante el lanzamiento también participará la jefa de hace 35 años de la misión arqueológica francesa, la doctora Dominique Legoupil, quien dará a conocer un inédito registro audiovisual, la película muda “La Terre de Feu” (Tierra del Fuego) de Paul Castelnau y Jacques Mandement. La filmación de este trabajo cinematográfico se hizo en 1925, en distintos sectores de los archipiélagos patagónicos y fueguinos. Los cineastas franceses viajaron por la región embarcados en el cúter Júpiter.
Una extensa parte del filme fue descubierta recientemente y restaurada en el Centro Nacional de Cine Francés. A pesar de ciertos errores, los prejuicios de su época y un desarrollo algo caótico, en ella se presentan imágenes excepcionales y poco conocidas de los kawésqar. Otras escenas más breves, muestran grupos de yaganes en el canal Beagle, al igual que una pequeña cantidad de selknam en Río Grande, Argentina, entre los que destaca Angela Loij con un bebé en los brazos.
Legoupil explica que las imágenes ayudan a dimensionar el impacto que tuvo la llegada del hombre blanco o la civilización, en la vida de los pueblos originarios, por otro lado para ellos como investigadores les sirvió para observar cosas muy técnicas, como la forma en que arman las chozas, la manera en que llegan en las canoas, quién rema y qué hacen los niños. La doctora de igual forma manifiesta su tristeza por la situación que estaban pasando los pueblos en ese tiempo, ya que en 1925, el fin de su cultura era más que notorio.
La investigadora francesa también explicó que en base a su experiencia, la desaparición principal de los selknam fue la cacería que sufrieron, por su parte, los kawésqar terminan siendo más afectado por las enfermedades. Sin embargo, para ambos pueblos los abusos de los pescadores y cazadores de ballenas y de lobos marinos, de igual manera conspiraron para que su población se extinguiera.
Con respecto a la pérdida de su cultura y tradiciones, los kawésqar por su parte se vieron afectados por la desaparición de sus recursos habituales. Por lo tanto eso, incluido la introducción del fierro y vidrio, entre otras -lo cual también perjudicó a los selknam- son unas de las diversas causas que generaron la desaparición de la identidad de un pueblo con características únicas y de gran interés científico.
La doctora Legoupil concluyó diciendo que el saber y recordar a quienes habitaron estas tierras, es muy importante para el conocimiento colectivo de la comunidad local, ya que con ello se puede formar ciudadanos con amplia comprensión de su entorno, incentivando que los jóvenes investiguen y revelen la verdad de una cultura desaparecida.
El libro “La industria ósea entre cazadores-recolectores: el caso de los nómades marino de Patagonia y Tierra del Fuego”, fue editado por la Universidad de Magallanes, y su traducción del francés al español se hizo en conjunto con el Instituto Francés de Chile.