Mirtha Salamanca fue parte de una delegación de integrantes de los pueblos shelknam y yagán, que viajó a Francia para realizar distintas actividades. Relató las conferencias y los encuentros de los cuales participaron y destacó la importancia de “recuperar lo nuestro”. También expresó una mirada crítica sobre el trabajo de Anne Chapman con su bisabuela, Lola Kiepja.
“La invitación en lo personal fue por el linaje de Lola Kiepja, mi bisabuela. Fui con dos hermanos del pueblo yagán, Víctor Vargas de Ushuaia y José González Calderón de Puerto Williams, y estuvimos cerca de 20 días que fueron muy intensos. Participamos del festival al cual nos invitaron que se viene organizando hace ya seis años, donde hay música y se tratan temas diferentes”, relató Mirtha Salamanca, miembro del pueblo shelknam.
En declaraciones al programa radial “Desde las Bases”, contó que “en este caso, la temática era los pueblos originarios. La gran sorpresa, para quienes concurrieron, fue que había shelknam y yaganes, porque la versión que se instaló fue que ya no había más. A partir de ahí fue la invitación, hubo autoridades muy importantes, recorrimos museos, fue un precedente muy importante y vamos a seguir porque hay mucho para hacer”, expresó Salamanca.
Después mencionó que “el nexo lo hizo Lauriane Lemasson, a quien yo encontré en Punta Arenas por un invitación que me había hecho la universidad y entonces la conocí. Fue una gran sorpresa, ella está haciendo un trabajo magnífico en lo que tiene que ver con la toponimia de la Isla, con los sonidos de la naturaleza, y ese trabajo también se expuso durante estos días”, destacó la integrante del pueblo shelknam.
Anticipando que la científica francesa “está próxima a volver para esta zona, así que vamos a seguir trabajando. Es muy valeroso, porque sirve para recuperar lo nuestro. En Francia estuvimos en contacto con los alumnos de las universidades, pudimos ver el archivo de Anne Chapman. Yo pude conocer algunas crónicas, es algo con lo que hay que trabajar muchísimo tenemos que aprovechar esta oportunidad”, señaló Mirtha Salamanca.
Luego comentó que también estuvieron “dando charlas en una universidad de España, tomamos contacto con el director del museo de Berlin. Realmente fue una actividad que nos dejó mucho y pudimos hacer un pedido respecto de la devolución de los restos que están en esos museos”, confirmó.
Críticas para Anne Chapman
En ese mismo sentido mencionó que durante las charlas se refirieron “a lo que fue el zoológico humano, porque fue una clara muestra de racismo. Sabemos lo que ocurrió con nuestro pueblo y pudimos exponerlo allí”, remarcó. Después, sobre el trabajo de Anne Chapman, lo cuestionó y manifestó: “siempre digo que la opinión mía, como familiar, es de disconformidad por lo que se hizo con mi abuela”.
“Muchos dicen que sirvió para dejar en resguardo algo de mi abuela, pero yo hubiera preferido que no hubiera dejado nada. Porque sabemos que los cantos chamánicos eran privados, no podía quedar ese registro y aparte se le dio un mal uso. Realmente para nosotros, como familia, es algo muy triste. Considero que Anne Chapman vino con todo el aparato, con todo pago, mi madre por ejemplo no la quiso tender porque no nos respetaban”, relató la bisnieta de Lola Kiepja.
Dijo que cuando se presentaron ante la antropóloga franco –estadounidense “nos respondió que no nos iba a atender, porque ella con “los puros” había trabajado. Desconociendo nuestro linaje y nuestra pertenencia, la gente no sabe que atrás de esos registros hay una historia muy cruel. Llegó a decir que Lola había tenido “12 hijos seis puros y seis impuros”, ¿qué es lo que significa eso? No tuvo respeto por la familia”, insistió Salamanca.
Un pueblo ultrajado y la necesidad de recuperar la historia
Durante la entrevista expresó “sabemos que nuestro pueblo fue ultrajado, violado, entonces hay que tener un poco de respeto por esa historia. Nosotros somos un pueblo que sigue en silencio, pero estamos luchando, trabajando. Descubrimos un documental en el cual aparecían imágenes nuestras que no sabíamos que existían. Tomadas sin ninguna autorización, tenemos mucho por rescatar, mucho por trabajar”, advirtió.
Indicó que “se puede hacer algo diferente, yo siempre digo que tenemos un Estado ausente. Tenemos un ente controlador que es el Instituto Nacional de Asuntos Indígenas, pero primero hay que decir que nosotros no somos un asunto. Parece que tuviéramos que estar a merced de ellos, nosotros tenemos nuestras leyes que se deben hacer respetar”, reclamó.
Mirtha Salamanca manifestó que a veces “es muy lamentable, nosotros creemos que en las escuelas siempre se tiene que decir la verdad. Por eso yo voy y digo que estamos vivos, creo que hay que contar lo que pasó con nuestro pueblo, con la mal llamada conquista que fue en realidad una invasión a nuestro pueblo y a todos los pueblos de América”.
“Porque somos un pueblo pre existente y nos sacaron todo, prácticamente nos impusieron sus leyes. Respeto el himno, la bandera, pero nos fueron impuestos. Nosotros teníamos el haruwen, nuestros grupos familiares. Se vivía libremente, en la naturaleza, en armonía, luego todo fue imposición. Hay que trabajar mucho respecto de eso, tratar de recuperar nuestra cultura y que se diga la verdad. Esa es la actividad que nos estamos planteando”, concluyó la representante del pueblo shelknam.
En Bahía Inútil (Chile) un equipo de científicos ha descubierto un entierro infantil, perteneciente a la cultura Selk'nam, con características únicas. El ajuar que lo acompaña presenta objetos desconocidos, además de artículos funerarios inusuales en esta región.
Pares mandibulares de guanaco adulto que formaban parte del ajuar singular del enterramiento / Fotos cedidas por Thierry Dupradou
El pueblo Selk’nam de Tierra del Fuego era una tribu que vivía en el extremo sur de América del Sur. Estaba formado por cazadores recolectores nómadas que subsistían en sus orígenes gracias a los guanacos salvajes, aves, roedores, marisco y pinnípedos (focas, lobos marinos y morsas) que cazaban. A principios del S.XX enfermedades infecciosas y un genocidio perpetrado por colonos británicos, argentinos y chilenos acabaron con la mayoría de ellos.
Junto a sus vecinos, los Haush, esta tribu era de los pocos grupos de cazadores recolectores en América cuyo sustento estaba restringido a una isla. Su registro arqueológico es abundante, sin embargo, poco se sabe sobre sus prácticas mortuorias.
El registro arqueológico del pueblo Selk’nam es abundante, sin embargo, poco se sabe sobre sus prácticas mortuorias
Un estudio internacional, liderado por la Universidad de Magallanes en Punta Arenas (Chile), con participación del Instituto de Biología Evolutiva (UPF-CSIC), ha descrito un entierro infantil de esta tribu con características únicas, localizado en Bahía Inútil. La datación por radiocarbono sitúa el entierro al comienzo del período postcolombino.
“Ni en Tierra del Fuego chilena o argentina se había hallado un ajuar parecido junto a restos humanos de cazadores recolectores terrestres. Los enseres eran mucho más sencillos, pero en general se trataba de enterramientos de adultos”, dice a Sinc Alfredo Prieto, investigador de la Universidad de Magallanes, que lidera el estudio publicado en la revista The Journal of Island and Coastal Archaeology.
En el trabajo, Prieto y su equipo describen los materiales arqueológicos hallados junto al esqueleto de un niño muy bien conservado. Lo que llama la atención son los artículos funerarios que lo acompañan, inusuales en esta región.
“Hay varios elementos misteriosos cuyo uso desconocemos. Ni siquiera sabemos si se trata de copias o de herramientas en uso de la época. Podrían ser, por ejemplo, reproducciones de herramientas de madera que nunca perduraron. Tampoco podemos aventurar nada al respecto. Algunas de ellas simulan herramientas conocidas, como pinzas para el fuego. Otras, como unas bolas con surcos o herramientas de piedra sí sabemos que se usaban”, añade el científico.
Cráneo del niño. Aparece rota al haber aflorado de la tumba que se había erosionado / Foto cedida por Cedidas por Thierry Dupradou
Huesos agrupados por pares
Los restos del niño estaban acompañados por diseños únicos de artefactos óseos. En su mayoría eran fragmentos de picos de pingüino rey (el 75% de los restos) y de las mandíbulas de guanaco organizadas en pares para que parezcan picos, algo inusual y no observado anteriormente en otras sepulturas. El pingüino rey forma parte de la mitología Selk’nam.
La abundancia, densidad y diversidad de las tumbas documentan un conjunto material y cultural complejo, además de una habilidad técnica que no se había descrito hasta ahora en este grupo de cazadores recolectores.
“Los pares de mandíbulas de guanaco son notables. Aparecieron juntos de a dos y uno tiene incluso evidencias de amarre. Por el tipo de corte y el tamaño parece que su función era utilizarlos como picos, algo muy extraño”, asegura Prieto. En la literatura arqueológica no se encuentra nada parecido en ninguna parte del mundo.
Hallaron también materias primas líticas, ligeramente grabadas, algo relativamente raro en estos yacimientos. Muchos de estos componentes no habían sido vistos nunca en el registro arqueológico ni etnográfico de la Tierra del Fuego.
“Una extraña pieza que evoca una lanzadera nos revelaría técnicas de tejido de redes, pero es el único fragmento cuya forma parece inducir una función. Además, la totalidad de las piezas son juegos por pares estructurales; entre lo puntiagudo y lo rajado, o entre lo abierto y lo cerrado, hechos de diversos materiales. Como perdemos la integridad de la colocación original, no sabemos bien si formaban parte de ‘mecanismos’ mayores”, continúa.
“Hay varios elementos misteriosos cuyo uso desconocemos", dice Alfredo Prieto
Una genética particular
Según los registros arqueológicos, parece que la población Selk’nam apenas excedió las 1.500 personas, en un territorio de casi 48.000 km2. Además, hasta el momento los científicos no saben determinar si estos individuos fueron descendientes directos de los primeros grupos que poblaron la isla, o si llegaron más tarde.
Los restos humanos del niño revelan que perteneció a un joven de corta edad que tenía una dieta predominantemente terrestre. Los análisis osteológicos no mostraron problemas óseos o patologías, lo que sugiere que era un individuo sin ninguna anomalía. “Desconocemos las causas del fallecimiento”, añade el experto.
La información etnográfica señala que las muertes infantiles no debidas a accidentes eran incomprensibles para los Selk’nam, que generalmente culpaba de ello a un chamán de un grupo enemigo y promovían actos de venganza.
Otra particularidad de este hallazgo es que proporciona la primera evidencia genética del subhaplogrupo mitocondrial D1g5 en la población de Selk'nam en Tierra de Fuego. Este hecho podría indicar que sus orígenes están en la primera ola de colonización humana de América del Sur.
“El haplotipo mitocondrial D1g5 no fue descrito hasta 2012 y en parte es porque tiene una distribución bastante restringida al sur de Sudamérica. Localmente, en el sur de Chile y Patagonia puede ser bastante frecuente. Se le ha calculado una antigüedad de unos 15.000 años, es decir, resultado de la llegada de algunos de los primeros colonizadores de América y su subsiguiente dispersión por el cono sur”, explica a Sinc Carles Lalueza Fox, investigador del Instituto de Biología Evolutiva (UPF-CSIC) y coautor del estudio.
Lugar del hallazgo junto a la costa de la Bahía Inútil, Tierra del Fuego / Universidad de Magallanes
Las muertes infantiles no debidas a accidentes eran incomprensibles para los Selk’nam, que culpaban de ello a un chamán enemigo.
Es la primera vez que se describe en Tierra del Fuego, pero es coherente con la posibilidad de que hubiera contactos con poblaciones locales al norte del Estrecho de Magallanes. “También cuadra con indicaciones de restos marinos, ya que el niño se encontró en la costa del canal y aunque los Selk'nam eran cazadores recolectores terrestres, indicaría menos aislamiento del que se suponía por testimonios etnográficos y más contactos con poblaciones vecinas”, argumenta Lalueza Fox.
Actualmente su equipo está secuenciando algunos genomas de aborígenes de Tierra del Fuego para integrarlos en el contexto de la diversidad genómica del continente americano. “Es posible que podamos encontrar algunas evidencias de selección natural y adaptación al frío en algunos genes relacionados con el metabolismo”, concluye.
Tan solo otros cinco haplogrupos de ADNmt se han descubierto hasta ahora en muestras de poblaciones antiguas en esta región: la de este niño Selk’nam, dos Yamana y dos Kawesar.
Interacción con otras culturas
El entierro proporciona evidencia de interacciones de largo alcance con otras culturas tanto en el continente, como en otras partes de la isla. Sus vecinos inmediatos eran otros grupos nómadas, dos marítimos (Yamana y Kawesar) y dos terrestres (Haush en la isla y Aonikenk en el continente).
Los Selk’nam no eran navegantes, por lo que todos los artículos de este tipo que se encontraron en el enterramiento provendrían de fuera de Tierra del Fuego, obtenidos de sus vecinos cercanos.
Actualmente el equipo está secuenciando algunos genomas de aborígenes de Tierra del Fuego.
Contactos directos e indirectos con estos grupos serían cruciales para obtener acceso a animales exóticos y materias primas, como por ejemplo, el ñandú de Darwin (Rhea pennata), la obsidiana verde o los restos de molusco D. magellanicum hallados en yacimientos de esta región.
El ñandú de Darwin se extinguió en Tierra del Fuego a finales del Pleistoceno, y su presencia entre las tumbas significa que probablemente fue traído de la estepa continental.
La obsidiana ya se había descubierto previamente en Bahía Inútil, no muy lejos de este enterramiento. D. magellanicum habita las profundidades marinas de Magallanes y probablemente fue recogido por mar en botes. “Los Selk’nam no eran navegantes”, apunta Prieto.
Este entierro proporciona una ventana única para descubrir aspectos previamente desconocidos de la sociedad Selk'nam.
Así lo confirmó la secretaria de Culto y Pueblo Originarios tras un encuentro en la ciudad de Ushuaia con miembros de la comunidad y técnicos del Instituto Nacional de Asuntos Indígenas.
El Gobierno provincial dio cuenta de avances en las gestiones que viene realizando para lograr “el reconocimiento para el pueblo Yagan, por el esfuerzo que realizan para seguir comunicando su cultura día y día” y destacó particularmente el trabajo de Catalina Filgueira Yagan y su hijo Víctor Vargas Filgueira.
En ese marco se destacó la visita a la provincia de los técnicos del Instituto, en el territorio Yagan en la ciudad de Ushuaia, para proseguir con los pasos y cumplimento de requisitos a fin de lograr este esperado reconocimiento.
“Este pedido de reconocimiento lo comenzamos por la tarea activa que desarrollan diariamente en la comunidad fueguina como pueblo originario”, explicó secretaria de Culto y Pueblos Originarios Verónica Peralta, quien detalló que “en Argentina hay distintos pueblos originarios que tiene varias comunidades del mismo pueblo, en nuestro caso contamos con dos pueblos diferentes el Shelknam y el Yagan”.
Tras recordar que en el caso del pueblo Shelknam ya se encuentra reconocida la comunidad Rafaela Ishton, la funcionaria remarcó que “con este reconocimiento no se habla de una comunidad más, si no un de pueblo originario más que va a recibir los derechos y participaciones que hasta ahora ellos no poseen”.
La jornada dará inicio el viernes 11 de octubre a partir de las 20 horas.
Organizado por la Agrupación khol Hol Naa (volver mujer en idioma selknam, se realizará una vigilia por el día de la diversidad cultural. El evento en las instalaciones de la UNTDF, ubicado en calle Thorne y Ameghino.
Desde la organización indicaron que “este evento se realiza para recordar el "EL ULTIMO DIA DE LIBERTAD DE LOS PUEBLOS ORIGINARIOS ", donde se busca conmemorar la lucha de los PUEBLOS Originarios, va ser un día de mucha reflexión”, indicaron.
Asimsio, agregaron que “el objetivo es evitar q los pueblos sigan perdiendo su libertad y derechos y que se difunda que los pueblos originarios seguimos de pie en la lucha”.
Representantes de las comunidades de pueblos originarios fueguinos de Tierra del Fuego viajan a Francia a exponer sobre sus culturas ancestrales, en el marco del mes de la ciencia y la cultura que se desarrolla en ese país. El 2019 fue declarado por la ONU el Año internacional de las Lenguas Indígenas, con el fin de difundir su importante aporte a la cultura de los pueblos.
La secretaria de Relaciones Internacionales Cecilia Fiocchi destacó la presencia en Francia de los representantes de las comunidades originarias: “Es un orgullo para todos los fueguinos que integrantes de las comunidades originarias puedan participar de eventos internacionales como este, que es impulsados por investigadores de la Universidad de la Sorbona y del Centro Nacional de Investigaciones Científicas, instituciones académicas francesas de gran prestigio”. “Es una oportunidad para visibilizar las culturas ancestrales de nuestra provincia” valoró.
Mirtha Salamanca, integrante de la comunidad selk´nam de Río Grande, Víctor Vargas, integrante del pueblo yagán de Ushuaia y José González Calderón, de la comunidad yagán de Puerto Williams viajan a Francia a exponer sobre las culturas ancestrales originarias de Tierra del Fuego.
Mirtha Salamanca es integrante del Consejo Nacional de Pueblos Indígenas, como representante del pueblo selk´nam. “Viajaremos a Francia invitados por investigadores de ese país, para visibilizar allí nuestra cultura ancestral y complementar una serie de investigaciones que estamos realizando sobre nuestro pueblo. Además de participar como expositores en charlas y conferencia en distintas partes del país, podremos visitar los archivos de Anne Chapman, quien fue una gran investigadora de nuestra cultura y complementar los estudios que nosotros venimos realizando para dar a conocer nuestra cosmovisión. Tenemos la esperanza de que esto promueva el arraigo a nuestra tierra y el derecho a la identidad originaria” expresó.
Por su parte, Víctor Vargas es autor del libro “Mi Sangre Yagán”, editado en 2017 por la Editora Cultura Tierra del Fuego y trabaja en el Museo del Fin del Mundo de Ushuaia, desde donde promueve mediante charlas e investigaciones, la cultura e historia de su pueblo. “Esto se trata de unir el pasado con el presente. Los yaganes son la comunidad humana que habitó de forma permanente la parte más al sur de todo el continente.
En cuanto a José González Calderón, reside en Puerto Williams, Chile y cabe destacar que es sobrino de Cristina Calderón, quien fue declara tesoro humano vivo, ya que es la última hablante nativa viva de su lengua yagán. Este año, ha sido declarado por la ONU el año internacional de las lenguas indígenas.
Científicas sociales del CONICET comparten sus estudios culturales y vivencias en relación a las lenguas de los pueblos originarios / lenguas indígenas de Argentina
CONICET/DICYT Cancha, poncho, gaucho, morocho, carpa, vincha, pucho… una gran cantidad de palabras de nuestra habla cotidiana provienen del quechua, lengua incaica que desde hace quinientos años tiene contacto con el castellano. El quechua es una lengua originaria con gran vitalidad, en sus distintas variantes, en algunos territorios de Argentina, Bolivia, Perú, Brasil, Chile, Colombia y Ecuador. Sin embargo, esta no es la única: en Argentina hoy se hablan al menos catorce lenguas indígenas, de las treinta y cinco que se hablaban antes de la llegada de los españoles. ¿Qué se conoce sobre ellas? ¿Por qué es importante cuidarlas, valorarlas y promoverlas?
“En nuestro país, tenemos 39 pueblos indígenas –mbyá-guaraní, mocoví, pilagá, toba-qom, wichí, huarpe, entre otros–, algunos son numerosos y otros más pequeños. Según las estimaciones del último censo poblacional (INDEC, 2010), de los 40 millones de habitantes, el 2,4 % se declara indígena, es decir, más de 950 mil personas”, explican las antropólogas e investigadoras del CONICET Ana Carolina Hecht, Noelia Enriz y Mariana García Palacios.
Carolina estudia la socialización lingüística, la vitalidad y el desplazamiento de la lengua toba qom en distintos espacios (familiar doméstico, escolar) en comunidades qom urbanas de la provincia de Buenos Aires del Chaco; Noelia trabaja con comunidades mbyá-guaraní en Misiones investigando los saberes que circulan tanto dentro como fuera de la escuela intercultural bilingüe, y Mariana analiza cómo los niños de barrios qom de Buenos Aires y del Chaco construyen sus conocimientos del mundo social, especialmente los religiosos, en contextos comunitarios y escolares interculturales. Juntas participan del proyecto “Interculturalidad y educación en comunidades toba/qom y mbyá-guaraní de Argentina: una aproximación histórico-etnográfica a la diversidad étnica y lingüística en las escuelas”, que forma parte del Programa de Antropología y Educación de la Universidad de Buenos Aires.
Sus investigaciones las han llevado incluso a tener experiencias de cohabitación durante el trabajo de campo. “Yo me quedaba un tiempo con la población con la que estaba trabajando. También hacemos observación participante: formamos parte de las actividades de las comunidades”, relata Noelia. “Tratamos de desarrollar actividades que nos demandan las mismas comunidades,” –agrega Carolina– “por ejemplo, charlas y talleres en escuelas bilingües interculturales y en institutos de formación docente en donde debatimos sobre interculturalidad, niñez indígena, lenguas en contacto, diversidad y desigualdad”.
Lenguas indígenas y territorio
Según las científicas, las lenguas indígenas argentinas son las que provienen de familias lingüísticas oriundas de nuestro territorio; al mismo tiempo, también existen otras lenguas que se hablan en Argentina pero que fueron traídas por la acción migrante de países limítrofes. “Los pueblos indígenas siempre son más numerosos que las lenguas indígenas porque muchos pueblos han dejado de hablar sus propias lenguas como consecuencia de procesos históricos de invisibilización, discriminación, negación, sometimiento, entre otros factores”, señala Hecht.
En la actualidad, el abanico de situaciones es muy diverso: lenguas que ya no se hablan, otras que tienen un solo recordante, situaciones de bilingüismo, comunidades indígenas en las que predomina el español, comunidades en donde la lengua indígena se mantiene vital en el medio familiar y comunitario. “Esas situaciones pueden incluso atravesar un mismo pueblo: niños qom que hablan español como primera lengua y otros que tienen el español como segunda”, agrega Mariana.
La población mbyá es un caso muy particular. Tiene su propia lengua y habita en Misiones, en parte de Paraguay y Brasil. La lengua oral les permite a sus hablantes comunicarse en los tres países como lengua franca. Sin embargo, se escribe de manera distinta en los tres territorios. “En uno, tiene influencia del portugués; en Paraguay, del guaraní estándar, y aquí del castellano, –cuenta Noelia– por ejemplo, lo que para nosotros suena ‘ch’, en Brasil se escribe con ‘x’. Esto muestra la complejidad de la lengua indígena”.
El enorme desafío de la escuela
Todo este complejo escenario representa un gran desafío para la Educación Intercultural Bilingüe (EIB), modalidad del sistema educativo que garantiza el derecho constitucional de los pueblos indígenas. Plasmada en la Ley de Educación Nacional Nº 26.206 (capítulo XI, artículo 52), la EIB “promueve un diálogo mutuamente enriquecedor de conocimientos y valores entre los pueblos indígenas y poblaciones étnica, lingüística y culturalmente diferentes, y propicia el reconocimiento y el respeto hacia tales diferencias”.
Sin embargo, las investigadoras perciben que estas situaciones dispares y llenas de matices por las que están atravesando las lenguas indígenas no son siempre contempladas en las políticas educativas. “La legislación de la EIB está más bien orientada a niños indígenas que habitan en contextos rurales, hablan la lengua indígena y tienen muy poco contacto con el español. Mientras que la situación más generalizada en el contexto actual muestra niños indígenas en contextos urbanos, con distinto dominio de la lengua indígena”, manifiesta Carolina.
Para las científicas sociales lo ideal sería que esas legislaciones contemplasen la diversidad de realidades y matices sociales. “La educación intercultural bilingüe debería ser un desafío del que todos participemos; una forma educativa para toda la sociedad argentina y no solo para las poblaciones étnicamente marcadas; y así dar cuenta de que Argentina es un país multicultural. Además habría que pensar intervenciones en las que participen las propias comunidades, y no solo intervenciones desde afuera”.
Reconocer la historia para mirar el futuro
“El hecho de que un pueblo ya no esté hablando activamente su lengua en la actualidad, no lo hace menos indígena”, plantea Carolina quien trae a colación la dimensión histórica para analizar esta cuestión. “Ciertos procesos históricos fueron los que condicionaron las distintas situaciones que tenemos hoy en día. Si solo miramos desde el presente, vamos a tender a jerarquizar las situaciones actuales sin tener en cuenta los procesos que llevaron a que esas situaciones existan. Las vinculaciones entre lengua e identidad son siempre muy complejas, porque incluso, en la escuela, muchas personas son vistas como menos indígenas por no hablar la lengua indígena”. “La lengua es importante para la identificación de los pueblos pero, a su vez, no es el único rasgo de identificación”, añade Mariana.
Noelia se pregunta: “¿Por qué no mantener la riqueza cultural de un país? ¿Por qué negarla? ¿Por qué pedirles a las personas que sean otra cosa? La diversidad es patrimonio argentino. No hay nada que nos haga pensar que atentar contra la diversidad no sea pernicioso para la sociedad. Además, en este caso, la diversidad tiene que ver con los orígenes del espacio en donde el país se desarrolla en la actualidad y estas poblaciones son previas a los estados-nación”.
Para cuidar y proteger la diversidad lingüística, “primero tendría que haber una planificación lingüística y políticas educativas que partan de este complejo escenario actual”, sintetizan. Por eso, “sería interesante propiciar más espacios en donde se reflexionen y debatan estas cuestiones para ir desarmando ideas que están muy cristalizadas en el sentido común más generalizado” y, finamente, fortalecer la legislación en Educación Intercultural Bilingüe para que no sea solo un ideal sino que se materialice en la práctica en todo el territorio nacional.
De Puerto Edén al Bronx, del Pacífico al Atlántico. Esta es la historia de un sobreviviente. Peteyem era su nombre, pero al nacer fue separado de su pueblo originario, cambiaron su identidad y la lucha política de los 70 lo llevó a otros mares, otras costas. Hoy, Carlos Edén sueña con dejar EE.UU. y encontrarse con los suyos en los canales magallánicos. Los pocos que quedan.
Carlos Edén calcula que tiene 75 años pero no sabe su edad exacta. Tampoco conoció a sus padres. Al igual que muchos kawésqar fue arrancado de su lugar de origen. Fue inscrito en el Registro Civil con un nombre y fecha de nacimiento arbitrarios tras ser adoptado por un funcionario de la Fuerza Aérea en Puerto Edén. El apellido Edén se lo pusieron por ese pueblo al sur del Golfo de Penas, en la XII Región de Magallanes, donde nació.
Como buen nómade del mar, de adulto se hizo patiperro y llegó a Nueva York en 1978. Hoy vive en el Bronx y se convirtió en activista de causas indígenas. Perdió la lengua kawésqar y ahora habla inglés. De pelo canoso y ojos tristes y achinados, a fines de los 70 fue preso político en Argentina, tras las torturas quedó sordo y por ese motivo fue llevado a Nueva York como refugiado político.
Nueva York, 2016
Carlos no bebe alcohol y saca un botellón de jugo de manzana. Es lo que toma para celebrar el Día de Acción de Gracias. Lo invito a mi departamento en Brooklyn a pasar este feriado gringo que nos vemos obligados a festejar. Nos conocimos en Washington Square en la marcha feminista #NiUnaMenos mientras yo estudiaba un máster en Escritura Creativa en la Universidad de Nueva York. Carlos es asiduo a todas las manifestaciones y protestas neoyorquinas de todas las causas, políticas y medioambientales habidas y por haber. La primera vez que me contó que era kawésqar, casi me atraganté Y más de alguien se preguntará: ¿Cómo llega Carlos a Nueva York? En realidad, es una pregunta que yo también me hice. La respuesta se remonta a un puñado de décadas de atrás.
Puerto Edén, 1943
Al nacer, sus padres kawésqar lo llaman Peteyem. Tras el parto, su madre muere de neumonía porque ya no usa sus vestimentas originales y el aceite de lobo marino, con el que es capaz de navegar y mariscar en canoas en aguas gélidas, es sustituido por ropas “civilizadas”, causa de esa extraña enfermedad que nunca ha sufrido. Su padre muere a los pocos días, dicen que de pena. El pequeño Peteyem también enferma de neumonía, pero un ritual kawésqar lo salva. Lo ponen de espaldas y con la concha de una cholga le hacen unas pequeñas incisiones en su estómago que conserva hasta hoy. Es una petición a Atkasap, el dios bueno, para que lo proteja y Ayayema, representación del mal, se aleje de él.
La Fuerza Aérea de Chile inaugura una radio-estación en Puerto Edén en 1937. Ese hito cambia su vida. El primer jefe de la estación es el suboficial Carlos Gaymer, quien lo adopta junto a la niña Ana Rosales Ulloa, que se transforma en su hermana. Peteyem es rebautizado como Carlos Edén.
-Me recogieron de guagua. La separación fue brutal con mi gente. Me daban permiso para ir a jugar con los kawésqar chicos, pero no es que estuviera todo el día correteando con ellos. Me miraban diferente los cabros. Ellos andaban embarrados y yo limpio y hablaba español. Ahí se me fue perdiendo mi lengua kawésqar. No recuerdo nada. Por ética ahora no hablo nada en kawésqar.
Los niños kawésqar como él se reúnen día a día en la cocina de la estación a tomar desayuno bajo el cuidado de Raquel Verdugo, esposa de Gaymer.
-El desayuno era preparado amorosamente por la mamá Raquel. Después venían los juegos infantiles. Me subía a la antena de la radio estación de la que era imposible bajarme. Mi padre y los demás funcionarios corrían para rescatarme y ponerme en tierra firme. A causa de mis travesuras me castigaban. El “arresto” lo cumplía en un pequeño cuarto, ubicado en el segundo piso, en el dormitorio de mi abuelita Matilde. Gracias a la mamá Raquel pronto me levantaban el castigo.
Hace una pausa como si estuviera haciendo memoria. De pronto rememora sus viajes de niño en bote a ver alguna ballena varada.
-Recuerdo el olor a ballena cuando la faenaban. A la caza del lobo marino no iba. El espectáculo era fuerte. Muchos años después, papá Gaymer se arrepintió de la caza de lobos.
Su proceso de transición a lo “occidental” es brutal. No es el único. Las enfermedades propias de hombres blancos, como la tuberculosis, diezman a los kawésqar en Puerto Edén.
La familia Gaymer deja Puerto Edén, se traslada en barco a Valparaíso y es en ese viaje donde Carlos conoce las manzanas y otras cosas que nunca ha visto. Como no sabe qué son los autos, en la Avenida Pedro Montt Carlos sufre un accidente al caer de un taxi en movimiento tras abrir la puerta sin querer. El primer encuentro con sus primos Gaymer es traumático. Piensan que él es una especie de momia porque aún conservaba el vendaje del accidente que cubre toda su cabeza y cara y solo deja sus ojos libres. Luego fallece su madre Raquel de un tumor en el estómago, mientras su padre trabaja en Quintero.
Santiago, 1950
Sin nadie que lo cuide el pequeño kawésqar llega a Santiago a la casa de su tío Alfredo. Entra al colegio Pan American en el paradero seis y medio de Gran Avenida, en San Miguel, donde le ponen su primer sobrenombre: El Chino.
-Fueron mis inicios del aprendizaje del inglés, ya que el director Mr. Grass era ciudadano británico. Dedicaba mi tiempo libre a salir con mis compañeros de curso, pasar las tardes en la Gran Avenida y jugar fútbol. Mi puesto era de arquero. Me decían El Araña Negra porque tenía pantalón, medias y camiseta negra. Nuestro rival era un curso del colegio Miguel León Prado y los lugares de enfrentamiento eran las antiguas canchas de Ochagavía. Desde esa época ya era de Colo-Colo. Mis primeros ídolos al arco fueron Carlos Espinoza de Everton, quizás porque salió campeón en esa época, y después Misael Escuti y el Sapo Livingstone. Las revistas Estadio y Barrabases eran mi predilección. La llegada del sábado o el domingo era otro acontecimiento porque íbamos al cine. La primera película que vi fue Los tres caballeros, de Disney. Veíamos las mexicanas de Pedro Infante y Jorge Negrete. Recuerdo las matinés del cine Metro y los paseos en un pequeño tren que estaba en Quinta Normal. Mi “hermana” Ana Rosales Ulloa entró interna en el María Auxiladora, colegio de monjas en el paradero 6 de Gran Avenida. Después fue trasladada al Convento de las Adoratrices de Viña del Mar y perdí el contacto para siempre con ella. Años después conocí su trágica historia y su triste fin. Quedó embarazada, de un día para otro desapareció de la casa donde trabajaba como nana y tiempo después encontraron su cuerpo. Murió de hambre con su hijo recién nacido entre los brazos.
De su llegada a la capital se acuerda de un espectáculo de equilibristas en la Plaza de la Constitución, que cruzan a través de un cable, desde el Hotel Carrera hasta el edificio del frente, usando una bicicleta o una moto.
-Me impresionó. También recuerdo estar en los hombros de papá Gaymer, rodeado de una multitud, viendo el paso de Carlos Ibáñez del Campo acompañando a Juan Domingo Perón en su visita de 1953 o recorrer las calles vacías de Santiago el día en que se supo en Chile de la muerte de Gabriela Mistral.
Iquique, 1956
Su adolescencia y juventud la pasa en Iquique. En esa ciudad estudia en un colegio inglés, donde aprende algunas nociones de ese idioma que le sería de utilidad más adelante.
-El colegio celebraba los 4 de julio de cada año la Independencia de Estados Unidos. Aprendí la historia de ese país, canciones en inglés como el himno de los marines. Fueron surgiendo otras amistades como los hijos del personal de la base aérea de la Fach. Nos hacíamos llamar Los Halcones Negros por una revista de cómics que relataba las aventuras y desventuras de un grupo de aviadores que luchaban durante la Segunda Guerra Mundial contra los malos. Yo era Chop-Chop en alusión a un “chinito” que ayudaba a Los Halcones Negros. Los halcones tenían un jefe semanal que era llamado El Halcón de Oro. Las actividades del grupo eran hacer cualquier maldad que impactara a los iquiqueños como cambiar de lugar un pequeño busto de O’Higgins que había en la ciudad. La hazaña fue publicada en el diario Tarapacá, algo de lo cual no nos podíamos vanagloriar por razones obvias.
A los 15 años entra a la Armada para convertirse en marino. A los 20, se siente enjaulado en la Escuela de Grumetes, se aleja de su familia adoptiva y se lanza a una vida patiperra por Puerto Montt y Concepción, lo más cerca posible de sus canales magallánicos. Su vocación viajera y nómade de kawésqar no la para nadie.
Para las últimas elecciones presidenciales chilenas participó del comité del Frente Amplio de Nueva York.
Santiago, 1973
Durante el gobierno de Salvador Allende vive en Estación Central y, aprovechando su entrenamiento militar, se integra al MIR y se enfrenta a Patria y Libertad.
-La dirigencia de Patria y Libertad era una élite y le pasaban unas cuantas lucas a unos patos malos para armar los grupos de choque con linchacos. Los de la dirigencia solo se sacaban fotos con las camisas blancas, los cascos blancos y el símbolo de la araña. Íbamos a Providencia arriba de camiones y ahí nos bajábamos a pelear con ellos. El 11 de septiembre de 1973 me pilló en una sede del MIR en la población Gabriela Mistral, entre General Velásquez y 5 de Abril, al lado de la Villa Francia, pero no teníamos armas para resistir.
Argentina, 1978
Para escapar de los allanamientos en Estación Central se refugia en Argentina con la esperanza de organizar allá el nuevo “ejército libertador”. En Mendoza, cae preso y los militares argentinos lo trasladan a Buenos Aires.
-Me detuvieron por sospecha. En un cuartel me interrogaron, me preguntaron si era espía chileno en la casi guerra con Argentina. Me salvó el Mundial de Fútbol del 78. Antes del Mundial, llegaron veedores internacionales, el Comité de Migraciones Europeo y veedores de Estados Unidos. Como prisionero político fui llevado con esposas hasta el aeropuerto de Ezeiza y de ahí me recibieron como refugiado en EE.UU. Apenas caminaba. Parecía una película.
Nueva York, 1978
-Sin pasaporte, sin nada, llegué. Poquito antes del Mundial del 78. Llegué a Queens y ahí vi el primer partido del Mundial. Luego me hospitalizaron, me operaron, estuve tres años hospitalizado. En Argentina, me reventaron los oídos y quedé medio loco, andaba hablando puras cabezas de pescado. Después se me quitó. Me curé solo, no hubo tratamiento psicológico o psiquiátrico. Tenía sentimientos de culpa de dejar compañeros muertos, desaparecidos y me preguntaba porqué yo estaba aquí, porqué me había salvado. Le anduve haciendo al copete. Las actividades de solidaridad con Chile me chocaban. Iba porque era chileno y estaba reconocido por el movimiento de los exiliados, pero salía de ahí y volvía a caer como en un hoyo negro profundo.
Nueva York, 2018
Carlos Edén poco a poco se acostumbra a Nueva York, trabaja en una fábrica de ropa y decepcionado de la política tradicional, se enfoca en el activismo indígena. Para las últimas elecciones presidenciales chilenas participa del comité del Frente Amplio de Nueva York y en 2017 vota por primera vez desde el extranjero.
La historia de Carlos recuerda la de Yokcushlu, conocida como Fuegia Basket, y Elleparu, conocido por York Minister, dos kawésqar de Tierra del Fuego tomados prisioneros en 1830 por Robert FitzRoy, capitán del barco Beagle, y llevados a la fuerza a Inglaterra, donde fueron presentados ante la realeza y aprendieron inglés. Carlos sabe que su cultura original está en peligro de desaparecer y lo único que quiere es volver a su natal Puerto Edén, aunque de su pueblo originario solo sobreviven unos pocos. Es uno de los últimos kawésqar. Quizás por ese motivo su historia atrae a investigadores y artistas como Paz Errázuriz, quien lo fotografió en Nueva York a fines de los 90 para su serie Nómades del mar. Por esa exposición visita Puerto Edén por primera vez después de 50 años.
-Mi pueblo espera la extinción. Y no hay kawésqar en Nueva York. Solo soy yo. Como buen kawésqar, nunca me resfrío en invierno. Me resfrío en verano. Soy al revés.
Justicia para Camilo Catrillanca, una de las luchas de Carlos Edén en Estados Unidos.Carlos Edén se ha transformado en un activista indígena en Nueva York. En esta foto aparece en una de las protestas por el asesinato de Camilo Catrillanca a manos a Carabineros.
Los involucrados aseguran que en este registro sonoro hay varias familias, pero desde que se dio a conocer la situación sólo se hablaba de una línea genealógica.
El martes 13 de febrero de este año, la sala de la Corte de Apelaciones de Punta Arenas rechazó un recurso de protección presentado por los familiares de la fallecida Margarita Molinari Edén, por la difusión de cantos y relatos del pueblo originario, los cuales fueron recopilados en 1971. El reclamo se hizo en contra de la productora Etnomedia y Consultora Limitada, el entonces Consejo Nacional de la Cultura y las Artes (ahora seremi de las Culturas, las Artes y el Patrimonio) de Magallanes y un académico del Departamento de Antropología de la Universidad de Chile por la difusión de cantos y relatos del pueblo originario, los cuales fueron recopilados en 1971.
La acción fue presentada por Margarita Vargas Molinari, nieta de Margarita Molinari. A pesar del traspié, la descendiente kawésqar busca presentar el recurso de protección nuevamente, y para ello cuenta con el apoyo del director ejecutivo de la Fundación Mi Patrimonio, Pedro Muñoz Hernández. Cabe señalar que la distribución del disco se detuvo.
Ante esta situación otros integrantes de la etnia kawésqar se informaron sobre el recurso de protección y escucharon el contenido del disco, descubriendo que no sólo estaban los cantos de Margarita Molinari Edén, sino también el de otros antiguos miembros, al menos el de cinco familias más. Esta situación llamó la atención de los descendientes, ya que estaban convencidos que sólo una familia estaba teniendo el problema, pero ahora saben que son más los involucrados y desean que este dato sea considerado en las gestiones futuras.
“Entonces con varios compañeros del pueblo y me dije aquí hay algo que no está bien, entonces concluimos que la señora no está enfocando bien las cosas. Creo que es súper necesario dejar las cosas en claro. Por eso hacemos esto ahora”, señaló María Luisa Renchi, quien representa a un grupo de kawésqar que pide aclarar la situación.
La descendiente indígena de igual forma entregó una carta, en donde se explica que los cantos han sido transmitidos de generación en generación a través de la oralidad. De igual forma se precisa, “hoy manifestamos nuestra tristeza pues algunos de estos cantos e historias se encuentran bajo el escrutinio de un juez, que poco conoce de nuestra historia. Hemos sido mutilados, separados, puestos en exhibición, asentados, sin derecho a navegar y sometidos a leyes que no entendemos. Nuestros son estos cantos que fueron replicados desde tiempos inmemorables para llegar a nosotros. Estos nos pertenecen a todos los miembros del pueblo kawésqar, se debe consagrar el uso responsable, pero este no puede recaer en la propiedad de nadie, así sea un miembro del pueblo. Así mismo con las investigaciones particulares de instituciones o personas que no pertenecen a nuestro pueblo. Queremos dejar esto de manifiesto, pues que quede bien claro la propiedad de la historia nos pertenece, a quienes poseemos un pasado ancestral en la Patagonia”.
“Las investigaciones sobre nuestros pueblos originarios se renuevan y fortalecen con el paso del viento. Ahora en manos de una joven científica, Lauriane Lemasson, que viajó desde Bretaña, un pueblo francés, hasta el sur del Estrecho de Magallanes, empujada por la pasión que le despierta el conocimiento, la belleza de los paisajes y las voces de la naturaleza. Esta noche vamos a juntarnos a hablar con ella en Radio Acción, 88.7 fm. Para llevar a cabo un trabajo así no sólo hay que disponer de una gran fuerza de voluntad, sino además de una sensibilidad extraordinaria. No se lo pierdan.”
“No se olviden de eso, nadie conquista, porque ellos ya estaban aquí, y aunque hayan hecho un genocidio, la memoria de ellos aún vive y persiste, para que estos hechos no sucedan más”, comentó una indígena en el lugar. La intervención artística fue fruto de un trabajo de un historiador y una actriz de la Universidad de Magallanes.
Una intervención urbana en la Plaza de Armas de Punta Arenas, en alusión a un “remate de indios” que hubo allí en 1895, se realizó este miércoles en la ciudad.
El 3 de agosto de ese año llegaron 165 selk’nam desde Tierra del Fuego hasta el muelle de Punta Arenas, esperando a ser repartidos entre los vecinos de Punta Arenas para incorporarlos como verdaderos esclavos, a través de servidumbre y reeducación, mientras la mayoría perecía por las enfermedades y malos tratos. El 7, 8 y 9 de agosto de 1895 se realizó el reparto, bajo el mando del gobernador Manuel Señoret.
Este triste hito histórico fue recordado por un grupo de voluntarios al mediodía, en una intervención de 20 minutos.
“Siento tristeza al ver que nuestros nativos eran maltratados, abusados, despreciados como personas; la sociedad aristocrática se unió al abuso teniéndolos como esclavos y ellos formaron parte de aquellos remates humanos”, comenta Carolina Quintúl Coliboro, representante kaweskar en la performance, a la cual además asistió Mirtha Salamanca, en nombre del pueblo selk’nam, quien llegó especialmente desde Argentina.
“Sin piedad se separaron familias enteras de sus hijos y no hubo ningún apoyo de justicia para ellos. Esta sociedad, que estaba formada por gente foránea, trajo todas sus maldades a nuestros pueblos, aplastándolos sin piedad, abusando, matando, pero aquí nuestros pueblos fueron los primeros habitantes. No se olviden de eso, nadie conquista, porque ellos ya estaban aquí y, aunque hayan hecho un genocidio, la memoria de ellos aún vive y persiste, para que estos hechos no sucedan más”.
La ceremonia
La performance fue organizada por Rodrigo González Vivar, profesor de Historia de la Universidad de Magallanes, en conjunto con Nitzamé Mayorga Gallardo, actriz y directora del grupo de teatro de la misma casa de estudios, así como el bailarín Ariel Oyarzún Sanhueza.
Inició su recorrido desde un punto cercano a la plaza, para contar los traslados desde Tierra del Fuego. Entre sus intérpretes hubo “niños, adultos, abuelos, magallánicos, nuevos migrantes, actores y no actores”, destaca Mayorga.
“En su mayoría las personas no tienen experiencia escénica”, explica. “Nos enfocamos en el trabajo más bien del simbolismo y significante, trabajamos con un guión que va presentando distintas estaciones, donde en cada una va desarrollando conceptos, por ejemplo, la extrañeza, el despojo, trabajamos con la imagen y lo coreográfico y luego desde el movimiento se instala la escena, siempre teniendo en cuenta no entrar en literalidad”, añade.
Los voluntarios cruzaron la calle Magallanes, que alude al estrecho homónimo, hasta llegar a una de las esquinas de la plaza, donde se vio cómo los esperaban sus “rematadores”, como el propio Señoret, Juan Contardi, Rodolfo Stubenrauch y Alberto Barra.
Luego las “víctimas” fueron llevadas al centro de la plaza y comenzó el remate, donde se vio cómo se produjo esta trasformación de ser indígenas hasta el momento de ser occidentalizados y con pérdida total de su idioma.
El público asistente también fue clave. En palabras de la actriz, “en el fondo ellos completan este hecho, representando a las personas que venía a ver este espectáculo, a dejarles ropas viejas para cubrirlos o rematar directamente”.
Acontecimiento histórico
La performance apunta a una reflexión sobre el hoy y “de cómo nos sentimos rematados en este presente, de cómo es nuestro actuar con la otredad y cómo reconocemos la identidad de lo distinto. La intervención, nos habla de una negación de una cultura, un territorio, un lenguaje, cómo se suprimió y se quiso trasformar un pueblo occidentalizandolos, quitándoles hasta sus nombres, para que la sociedad de esa época no se sintiera incomoda con su presencia, hasta llegar el punto del exterminio”, enfatiza la actriz.
“A la comunidad le impacta saber que hubo esclavitud en la ciudad, más aún con el pueblo selk’nam, donde la mayoría de la población siente empatía por la tragedia ocurrida con ellos. Realizar esta actividad es una novedad, ya que mucha gente se manifestó con el apoyo en asistir al lugar a ver qué es lo que iba ocurrir y también en participar dentro del equipo que realizó la intervención”, complementa González Vivar.
Para él, el “remate de indios” es un acontecimiento histórico que expone la tragedia sufrida por el pueblo selk’nam producto del proceso de exterminio y destierro para el desarrollo ganadero en Tierra del Fuego.
“La memoria de nuestros ancianos aún recuerda algunos hechos de abusos en contra de ellos, por ser humildes y apacibles”, comenta Quintul. “Es más, se recuerda del hecho de zoológicos humanos, en donde fueron llevados como especies raras o como exhibición de circo, y recordar cómo fueron humillados, maltratados, sacados de sus familias, pueblos, de su cultura, lengua y modismos”, expresa.
Mirtha Salamanca asistió a la performance en representación del pueblo selk’nam. Vino especialmente desde Argentina.
Actividades previas
El origen de la intervención artística tiene larga data. Mayorga inició hace un tiempo una vinculación con el Museo del Recuerdo del Instituto de la Patagonia de la universidad, y comenzó a desarrollar una línea de teatro museográfico. Este año trabajaron en una de las Casas Pioneras para hablar de la esclavitud en Magallanes, basándose en el “Sumario de los Vejámenes inferidos a Indígenas de Tierra del Fuego”, que data de 1895, se encuentra en el Archivo Judicial de Magallanes y relata el remate.
“Ya estábamos trabajando con el tema y cada vez que uno lee más sobre la historia de los pueblos originarios, te das cuenta de que es necesario hablarlo y que un gran porcentaje de la gente que vive en esta región no sabe de las atrocidades que vivieron y sobre todo los de Tierra del Fuego, porque entorpecían a los estancieros que llegaron a esa vivir tierras”, dice Mayorga.
Para el Día del Patrimonio reciente, en mayo, se realizó una performance de Teatro Museográfico en el museo. Allí se intervino una casa colonial de 1877, donde se presentó una escena sobre la esclavitud selk’nam en las casas de Punta Arenas como sirvientas y empleados domésticos para los adultos, mientras los menores eran tomados como “chinitos” para los mandados.
“Tras recrear este episodio, en conjunto con el grupo de teatro de la Universidad de Magallanes, decidimos hacer una actividad sobre el remate de 1895, pero esta vez en la Plaza Benjamín Muñoz Gamero (Plaza de Armas), debido a que está en el centro de la ciudad y con una metáfora interesante, al ver, al centro de la plaza, la imponente figura de Fernando de Magallanes por sobre los pueblos originarios”, explica González.
Además, como destaca Mayorga, la mayoría de las casas que están construidas alrededor de la plaza pertenecían a los principales exponentes y responsables de los vejámenes, como Sara Braun y José Menéndez.
Monumento en Plaza de Armas.
Práctica común
El remate de esclavos fue una práctica común en América, incluso bajo la figura de “encomienda”, creada por los españoles para mantener controlada a la población indígena.
En una entrevista del año 2014, el historiador argentino Osvaldo Bayer señala que en Argentina se realizó un “remate de indios” en enero de 1879. En esa ocasión, con avisos en los diarios: “Hoy entrega de indios a toda familia de bien que lo requiera, se le entregará un indio varón como peón, una china como sirvienta y un chinito como mandadero”.
“Aquí en Punta Arenas, cuando se realizó el remate en 1895, el 7, 8 y 9 de agosto, en un galpón en las cercanías del muelle, se publicaron algunas notas en el diario e incluso carteles en la ciudad, invitando a la comunidad a participar del remate”, dice González Vivar.
“Por lo que se sabe, es el único remate público del territorio, aunque también hay relatos sobre cómo se raptaba a indígenas para las faenas de trabajo, como los peleteros, buscadores de oro o navegantes que pasaban por los canales australes”, detalla.
Él destaca que la población de Punta Arenas repudió la ignominia a la que fueron expuestos los fueguinos, por lo que no se concretó la totalidad del reparto.
El destino de los rematados
El objetivo principal de la intervención fue dar a conocer este hito histórico poco conocido, “ya que generalmente se habla de que hubo un genocidio y etnocidio”, dice.
“Sin embargo, hubo sobrevivientes, supervivientes, a situaciones adversas, pero que lograron mezclarse en la sociedad, aunque desplazados del relato histórico: con una nueva identidad occidental, fueron olvidados y silenciados con el paso del tiempo”, explica.
Poco se sabe del destino de los indígenas rematados. “Los menores de edad fueron los primeros rematados, por lo que eran bautizados bajo la religión católica con un nuevo nombre cristiano”, cuenta.
“Algunos provenían desde las misiones salesianas, por lo que también venían evangelizados y con otra identidad. En la Región de Magallanes y Antártica chilena no se ha manifestado descendencia directa o indirecta”, precisa.
Agrega, sin embargo, que no se puede descartar que en algún momento pudieron ser parte de un matrimonio con una pareja occidental y después formar una familia que continuaba la descendencia cultural milenaria, transmitiendo el lenguaje y el patrimonio cultural ancestral, como ocurre en Río Grande (Tierra del Fuego, Argentina), donde existe una comunidad de familiares descendientes del pueblo selk’nam que esperan continuar compartiendo su cultura.
Aserradero de la misión San Rafael.
La actividad, en todo caso, no solo apuntó al pasado, sino también al presente, para invitar a la reflexión “sobre cómo estamos viviendo una situación similar pero con actores distintos: ayer fueron vejados los selk’nam, hoy son los migrantes, las minorías sexuales, otros pueblos originarios, las mujeres, personas con diversidad funcional y todas aquellas personas que son consideradas como ‘otros'”.
“De cierta forma es cíclico, y es nuestra misión compartir este pensamiento con nuestra comunidad e invitarles a dialogar con el otro, con lo distinto”, concluye.