
La cordillera Darwin: Terra incognita de los Andes australes
Karukinka
13 agosto 2025

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La Cordillera Darwin representa una de las últimas fronteras salvajes de nuestro planeta, una cadena montañosa de belleza cautivadora pero de hostilidad formidable, ubicada en el extremo suroeste de Tierra del Fuego chilena. El 12 de febrero de 1834, el capitán Robert FitzRoy bautiza una cadena montañosa en el extremo suroeste de la Tierra del Fuego chilena en honor al 25° cumpleaños de Charles Darwin. Darwin nunca la pisará. La observa desde la cubierta del HMS Beagle, a través del canal Beagle, y presiente — con razón — que resistirá la exploración durante mucho tiempo.
Hasta 2011, cuando seis alpinistas militares franceses completaron su primera travesía integral, la cordillera Darwin seguía siendo uno de los últimos "rectángulos blancos" en los mapas del mundo

Sumario
1. Geografía y geología
La cordillera se extiende 170 km de oeste a este y 60 km de norte a sur, entre 54°15' y 54°50' de latitud sur. Está rodeada de agua por tres lados: el canal Almirantazgo al norte, el canal Beagle al sur, el canal Cockburn al oeste. Solo su extremo oriental, cerca de la frontera argentino-chilena, permanece unido a tierra firme.
Su punto culminante es el monte Shipton (2 469 m) — no el monte Darwin (2 438 m), confusión que persistió décadas tras la expedición de Eric Shipton en 1961. El campo de hielo cubre 2 300 km², equivalente a la superficie total de los glaciares alpinos, constituyendo la tercera reserva de agua dulce de Chile tras los campos de hielo patagónicos norte y sur.
El macizo está formado por un complejo metamórfico de alto grado — esquistos con cianita y sillimanita formados durante el cierre de la cuenca de Rocas Verdes en el Cretácico. Estos minerales atestiguan presiones y temperaturas extremas en la corteza, haciendo de este conjunto el único de su tipo en los Andes australes. La apertura del paso de Drake hace 45 millones de años cambió el régimen tectónico local a transpresivo.

Entre los decenas de glaciares del macizo, el glaciar Marinelli es el más estudiado y el más activo. Se extiende desde la cordillera hasta la bahía Ainsworth en el fiordo Almirantazgo. Entre 1913 y 2011, su frente retrocedió 15 km — una de las tasas de retroceso más elevadas documentadas a escala mundial para un glaciar de este tipo.

La cordillera Darwin constituye un laboratorio natural de primer orden para el estudio de las interacciones océano–atmósfera–criósfera en las altas latitudes australes. Los datos de campo alimentan directamente los modelos climáticos globales.
2. Clima
Los vientos del oeste son constantes. En los Cincuenta Rugientes, su velocidad media anual alcanza 70 km/h. Los williwaw — ráfagas catabáticas que descienden por las laderas sin previo aviso, término de origen kawésqar — pueden superar los 250 km/h. Las precipitaciones anuales superan los 3 000 mm, principalmente en forma de nieve en altitud. La visibilidad colapsa en minutos.
FitzRoy llamó a estas condiciones una "divinidad malvada". Ciento cincuenta años de intentos fallidos de exploración le dieron la razón.
3. Biodiversidad
Fauna. Las ricas aguas de los fiordos acogen ballenas jorobadas y ballenas francas australes. Lobos marinos, elefantes marinos y leopardos marinos frecuentan las costas rocosas. Se han registrado más de 90 especies de aves, entre ellas el cóndor andino (envergadura de hasta 3 m) y, de modo excepcional, la única colonia de pingüinos rey (Aptenodytes patagonicus) situada fuera de la Antártida y las islas subantárticas.

En tierra, el guanaco (Lama guanicoe) recorre las zonas menos expuestas. Los castores canadienses, introducidos en los años 1940, han colonizado decenas de miles de hectáreas; sus represas alteran la hidrología de los cursos de agua y amenazan la integridad de los bosques de Nothofagus. La región alberga también varias especies de cánidos adaptadas a las condiciones australes, notablemente el zorro de Magallanes (Lycalopex culpaeus) y el zorro gris (Lycalopex griseus), que ocupan diversos hábitats que van desde bosques a zonas rocosas.

Vegetación. La lenga (N. pumilio) domina hasta los 700 m de altitud. Por encima de ese umbral, la misma especie crece como arbustos enanos esculpidos por el viento — misma genética, forma radicalmente reducida. Más arriba, la tundra magallánica toma el relevo: musgos, líquenes, Azorella, Bolax. Bajo el dosel forestal, la Drosera uniflora (planta carnívora) y varias orquídeas endémicas revelan la pobreza extrema de los suelos en nutrientes.
Esta zona de transición marca el límite entre el piso forestal y el piso alpino, donde la vegetación se compone principalmente de musgos y líquenes capaces de resistir los vientos desecantes y las temperaturas negativas. Esta tundra magallánca constituye un ecosistema único, albergando especies vegetales altamente especializadas.

4. Los primeros exploradores
El padre Alberto de Agostini, misionero salesiano italiano, fue el primero en penetrar seriamente el macizo, entre 1910 y 1960. Sus fotografías — las primeras del interior de la cordillera — y sus cerca de veinte libros sobre la Patagonia constituyen un patrimonio científico y etnográfico fundacional. El parque nacional que protege el macizo lleva su nombre.
En 1961, el alpinista británico Eric Shipton, acompañado de los chilenos Eduardo García, Francisco Vivanco y Cedomir Marangunic, creyó haber realizado la primera ascensión del monte Darwin. El equipo había escalado en realidad una cumbre más elevada al noroeste — el futuro monte Shipton (2 469 m). La confusión fue resuelta en 1970 por una expedición neozelandesa, cuyos nombres propuestos fueron aceptados por las autoridades geográficas chilenas.

6. La primera travesía del GMHM (2011)
El 6 de octubre de 2011, seis alpinistas del Grupo Militar de Alta Montaña (GMHM) de Chamonix completaron la primera travesía integral de la cordillera Darwin.

El equipo — el capitán Lionel Albrieux (jefe de expedición), el teniente Didier Jourdain, el adjudante jefe Sébastien Bohin, el sargento primero François Savary, el cabo Sébastien Ratel y el escalador civil Dimitri Munoz — partió del flanco occidental el 6 de septiembre, en autonomía total, con 75 kg de material por persona transportado en pulkas ensayadas en Noruega.

En 30 días recorrieron 150 km en línea recta (250 km reales), sin cartografía fiable desde 1954. En la arista frente al monte Darwin, un corredor de 5 km se estrecha a veces hasta 40 cm. Los vientos alcanzaban regularmente 150 km/h. El equipo avanzó a cuatro patas y en ocasiones tumbado.
El documental Sur le fil de Darwin (En el filo de Darwin), rodado por el propio equipo, se estrenó el 30 de octubre de 2013.
7. Protección y retos
El parque nacional Alberto de Agostini, creado el 22 de enero de 1965 (decreto supremo n.° 80), cubre 1 460 000 hectáreas — tercera área protegida más grande de Chile. En 2005 fue integrado en la reserva de biosfera Cabo de Hornos (UNESCO), situando la cordillera entre las 24 ecorregiones más prístinas del planeta.
Tres retos dominan la agenda de conservación: el retroceso glaciar documentado (Marinelli: –15 km en un siglo), la proliferación de castores canadienses, y la creciente presión del ecoturismo de cruceros hacia los glaciares — que exige una gestión cuidadosa, en particular en torno a los frágiles sitios arqueológicos yagan del litoral.

Un patrimonio mundial a preservar
La Cordillera Darwin permanece hoy como uno de los últimos santuarios salvajes de nuestro planeta, un territorio donde la naturaleza aún reina como amo absoluto a pesar de la presión creciente de las actividades humanas. Esta cadena de montañas excepcional, moldeada por millones de años de evolución geológica y climática, constituye un patrimonio natural de valor inestimable para toda la humanidad.
La proeza realizada por el GMHM en 2011 ha ciertamente levantado el velo sobre esta "terra incognita", pero también ha revelado la fragilidad de estos ecosistemas únicos frente a los desafíos del siglo XXI. El retroceso acelerado de los glaciares, el impacto de las especies introducidas y las presiones del cambio climático global amenazan la integridad de esta joya natural.
La preservación de la Cordillera Darwin requiere un enfoque global asociando protección estricta, investigación científica de punta y desarrollo del ecoturismo responsable. Esta región extraordinaria nos recuerda que ciertos territorios de nuestro planeta merecen ser preservados en su estado salvaje, no solo por su belleza intrínseca, sino también por su rol irreemplazable en la comprensión de los mecanismos fundamentales que rigen nuestra biósfera.







