Cartografía originaria

Recolección, localización y presentación cartográfica de topónimos yagán, selk’nam y haush

Un territorio en los confines del mundo, habitado desde hace más de 10 000 años

Desde hace más de una década, las expediciones de Karukinka nos conducen hacia los extremos del planeta, allí donde muchas cartas marinas siguen llevando la enigmática mención «no hidrografiado» / «no levantado». Desde las aguas turbulentas del estrecho de Magallanes hasta los laberintos helados de los canales patagónicos, desde la Tierra del Fuego azotada por los vientos hasta el temido estrecho de Le Maire, cada misión revela paisajes esculpidos por las fuerzas naturales a lo largo de milenios.

Estos territorios, que se extienden sobre miles de kilómetros cuadrados hasta la Reserva de Biosfera del cabo de Hornos, constituyen uno de los últimos grandes santuarios relativamente salvajes del planeta. Sin embargo, su “aparente virginidad” oculta una realidad mucho más compleja: fueron las tierras de civilizaciones plenamente adaptadas a uno de los ambientes más inhóspitos de la Tierra.

Las investigaciones arqueológicas muestran que la isla Grande de Tierra del Fuego fue poblada hace más de 10 000 años por cazadores-recolectores que cruzaron el estrecho de Magallanes antes de su apertura completa, cuando todavía era posible atravesarlo a pie. Más al sur, grupos nómadas marinos alcanzaron el archipiélago del cabo de Hornos desde los primeros siglos de nuestra era, a partir de un foco de poblamiento establecido en la zona del canal Murray–Ushuaia hace unos 6 000 años BP.

Los tres pueblos fueguinos: cazadores, navegantes, guardianes

Tres pueblos distintos compartían este territorio extremo, desarrollando cada uno una adaptación notable a su entorno:

  • Los selk’nam (u onas), cazadores-recolectores terrestres, ocupaban la isla Grande de Tierra del Fuego — estepas y zonas montañosas — con la excepción de la península Mitre. Su territorio estaba organizado en unidades familiares llamadas haruwen, cuyas fronteras eran conocidas y respetadas con precisión. Su sociedad, de estructura patriarcal, se articulaba en torno al ritual del Hain, ceremonia de iniciación de los jóvenes hombres.
  • Los yagan (o yámana), nómadas marinos, recorrían los canales y archipiélagos al sur del estrecho de Magallanes, desde el canal Beagle hasta el cabo de Hornos. Se desplazaban en canoa dentro de un laberinto de islas y fiordos, desarrollando un conocimiento íntimo de corrientes, vientos y recursos marinos.
  • Los haush (o manekenk), guardianes de la península Mitre, hablaban una lengua distinta del selk’nam pero compartían numerosos rasgos culturales con este pueblo, hasta el punto de ser integrados en algunos de sus rituales.

Los principales testimonios científicos sobre estos pueblos fueron recogidos por Thomas Bridges (misionero anglicano, fundador de Ushuaia, autor de un diccionario yamana–inglés, activo entre 1870 y 1898), Paul Hyades durante la Misión Científica francesa del cabo de Hornos (1882–1883), Martin Gusinde (sacerdote y etnólogo nacido en Silesia, presente en Tierra del Fuego entre 1918 y 1924) y Anne Chapman (antropóloga franco‑estadounidense, alumna de Lévi-Strauss, que trabajó con los últimos hablantes selk’nam en las décadas de 1960 y 1970).

Un genocidio colonial, una memoria por preservar

El silencio que hoy domina estas extensiones aparentemente desiertas resuena trágicamente con el genocidio metódico perpetrado entre la segunda mitad del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX. La introducción de la ganadería ovina a gran escala — especialmente bajo el impulso de estancieros como José Menéndez — transformó los territorios ancestrales en propiedades privadas y convirtió a los selk’nam en supuestos “cazadores de ovejas” a los que se podía eliminar. Cazadores de recompensas fueron pagados por oreja o cabeza, y la estricnina se utilizó para envenenar guanacos y cadáveres de ovejas dejados al alcance de los indígenas.

En menos de cincuenta años, desaparecieron miles de vidas, llevándose consigo saberes ancestrales, lenguas únicas y una visión del mundo irreemplazable. La población selk’nam, estimada en alrededor de 3 000 personas a comienzos del siglo XX, fue prácticamente aniquilada. En la misma época, las poblaciones yagan fueron devastadas por enfermedades introducidas desde Europa.

Esta ausencia radical transforma cada expedición en un peregrinaje de memoria. Cada campamento bajo las estrellas australes, cada fondeo en una cala olvidada, se vuelve una ocasión para rendir homenaje a estos primeros habitantes y contribuir a mantener viva su memoria.

Un proyecto de investigación archivistica y etnográfica

En este contexto, la asociación Karukinka inició en 2017 un verdadero trabajo de “detective” archivistico y etnográfico, prolongado y profundizado con el apoyo de distintos socios e instituciones. Equipados con cámaras fotográficas, GPS, grabadoras y micrófonos de alta fidelidad, y guiados por una experiencia de navegación y de trabajo de campo, nos desplazamos a pie y en velero hacia los rincones más apartados de estos territorios para documentar lo que los lugares, los vientos y las aguas aún pueden revelar.

Este relevamiento exhaustivo ha permitido identificar y geolocalizar varios miles de emplazamientos: antiguos conchales y estructuras de vivienda, campamentos estacionales, sitios ceremoniales, lugares de paso y de caza. Cada coordenada GPS registrada, cada fotografía, cada sonido captado constituye una pieza del gran rompecabezas que tratamos de recomponer con paciencia.

Más de 3 000 topónimos recopilados, geolocalizados y analizados

Paralelamente al trabajo de campo, Karukinka ha constituido una base de datos toponímica única, que reúne más de 3 000 nombres de lugar en lenguas selk’nam, yagán y haush. Esta base es el fruto del cruce entre informaciones actuales, cuadernos de campo de Martin Gusinde, datos del archivo de Anne Chapman, archivos de Bridges y cartografías oficiales de Argentina y Chile.

Algunos de estos nombres, transmitidos oralmente por los últimos hablantes antes de su muerte, nunca habían sido cartografiados. Otros, mencionados en diarios de exploradores de los siglos XIX y XX, esperaban ser relocalizados con precisión a partir de coordenadas GPS y de la comparación de fuentes.

Cada entrada de la base incluye:

  • el nombre en la lengua original (con sus variantes ortográficas según las fuentes)
  • la etimología y el significado, cuando se conocen
  • la naturaleza geográfica de la entidad (cerro, lago, río, bahía, cabo, campamento, etc.)
  • las coordenadas geográficas precisas
  • las fuentes primarias en las que el topónimo está documentado
  • un comentario narrativo sobre su historia o su significado mítico o ritual

Por ejemplo, el nombre de la montaña Akelkoyen (Cerro Tête) lleva el nombre de la madre de Kwanyip, hijo del sol y héroe mítico selk’nam; su nombre deriva de kel, arcilla roja que los haush utilizaban para pintarse el cuerpo.

Esta cartografía sensible va revelando poco a poco la riqueza poco visible de la geografía humana fueguina: aquí, un promontorio evoca “la cordillera infinita que conduce hacia los ancestros”; allí, una enorme roca recuerda el lugar donde Kuanip, héroe creador selk’nam, lanzaba piedras contra los intrusos.

Un proyecto pluridisciplinar y colaborativo

Este trabajo de memoria no podría llevarse a cabo sin la colaboración de investigadores, miembros de pueblos originarios y guías experimentados. Juntos desarrollamos una labor de archivo minuciosa, cruzando fuentes históricas, testimonios orales, datos etnográficos y observaciones de terreno.

Entre los socios y colaboradores de este proyecto se encuentran, en particular:

  • personas selk'nam y yagan de Argentina y Chile, como Mirtha Salamanca y su familia, José German Gonzalez Calderon y Cristina Calderón (fallecida en 2022), reconocida como una de las últimas hablantes de lengua yagán
  • archivos europeos como los de la Bibliothèque nationale de France (Misión del cabo de Hornos, 1882–1883), del Muséum National d’Histoire Naturelle de París y del Museo Etnológico de Berlín

Esta aproximación pluridisciplinar permite devolver progresivamente significado a territorios que la historia oficial había vaciado de su sentido originario.

El llamado de la exploración responsable

Hoy, estos espacios extraordinarios se exploran lejos de los circuitos turísticos más transitados, en territorios privatizados o despoblados que solo se revelan a quienes aceptan enfrentarse a las condiciones extremas del extremo sur.

Sumarse a nuestras expediciones significa comprometerse en una búsqueda de sentido y contribuir a la salvaguarda de un patrimonio inmaterial único. También es una manera de honrar la memoria de los primeros habitantes de estas tierras y de participar en la transmisión de su legado a las generaciones futuras.

cartographie autochtone exemple d'archive de 1883 mentionnant des toponymes yagan