Karukinka: una ONG que navega por la ciencia y el patrimonio originario

Donde los sueños y los encuentros se convierten en expediciones y caminos compartidos
Algunas ideas nacen en los laboratorios; Karukinka nació en el terreno. Fundada en 2014, Karukinka es una asociación sin ánimo de lucro dedicada a las expediciones marítimas, la investigación científica y la preservación del patrimonio originario en el extremo sur de la Patagonia y la Tierra del Fuego.
Nuestra historia se escribe en cartas náuticas, a través de las voces de los pueblos selk’nam y yagan. Es la historia de una ONG que cree que la exploración nunca debió haber sido una conquista, sino un diálogo.
"Karukinka? Es el sueño loco de alguien que piensa que no hay límites, y de unos pocos más lo suficientemente locos como para creer que tiene razón." Sébastien Pons
De una travesía solitaria a una organización consolidada
En 2013, la fundadora Lauriane Lemasson cruzó la Tierra del Fuego en solitario (>2000km). Acompañada por los vientos australes, buscaba en los territorios abandonados las voces originarias que la historia oficial había declarado extintas. Su viaje reveló una memoria viva escondida en gestos, cantos y palabras olvidadas.

De esta odisea surgió una idea sencilla y poderosa:
¿Y si pudiéramos crear un espacio común donde se entrecruce la ciencia, el arte y las tradiciones? ¿Donde la exploración deje de ser conquista para convertirse en diálogo? ¿Donde la curiosidad y la humildad caminen juntas?
En enero de 2014, la asociación Karukinka se constituyó oficialmente. Elegimos el nombre que los selk’nam dan a su tierra: “Karukinka” – la “tierra de fuego”, la “última tierra”. Desde entonces, nuestra organización sin ánimo de lucro ha unido a científicos, artistas, navegantes y personas originarias en torno a un objetivo común: proteger el patrimonio natural y cultural del extremo sur.




«Para un viaje o un itinerario largo, Karukinka es permitirse sentirse un poco más vivo.»
Sueños en el mapa, personas alrededor de la mesa
Al principio, eran un pequeño grupo. Lauriane, algunos amigos cercanos, y luego navegantes, artistas, investigadores, soñadores y activistas. Todos daban lo que podían, tras el trabajo, con modestia, pero siempre con el corazón puesto en ello.
Escritores apoyaron y patrocinaron la aventura desde 2014: Jean Raspail y Jean Malaurie. Los estantes de la biblioteca se llenaban, los mapas se cubrían de notas y los proyectos iban tomando forma.
Pero Karukinka no es solo ciencia o activismo. Es un lugar vivo entre el saber y la experiencia vivida, un espacio fluido en el que todos pueden participar: un pie en la tierra, un pie a bordo y el corazón entre ambos.
Personas únicas se reúnen en torno a esta visión
Otras vocaciones, otras vidas, otras historias se entrelazan alrededor de ella. Karukinka reúne a personas que nunca se encontrarían juntas en otro lugar.
Karukinka es una comunidad de investigadores, artistas, pueblos indígenas, jóvenes, ancianos, navegantes y soñadores. Es un mosaico cambiante en el que cada persona aporta una pieza: ciencia, cocina, dibujo, botánica, mecánica, narración de historias, incluso dudas o silencios, a veces. Todos están unidos por un hilo invisible: la voluntad de maravillarse juntos, de aprender sinceramente, de cuidar del mundo y de los demás.
Una forma de vivir y de actuar
Karukinka se construye sobre bases éticas, modestas y resistentes:
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Colaboraciones abiertas con universidades, museos, escuelas y artistas
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Una flota en crecimiento
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Financiación mixta: ayudas culturales, convocatorias de proyectos, cuotas de membresía y aportes de solidaridad
Pero más allá de los números, es un lugar de transformación. Quien embarca en Karukinka sale cambiado.
Lo que Karukinka aporta al mundo
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Dar voz a quienes han sido olvidados.
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Transmitir un mundo habitable que observamos con cuidado.
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Maravillarse como niños que ya saben y reaprender como adultos que escuchan.
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Crear un espacio de exploración en el que ciencia y humanidad son inseparables.
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Encuentros improbables con personas a las que nunca habríamos imaginado conocer.
Ciencia viva, encarnada y compartida
Porque Karukinka es también una base científica nómada. Allí exploramos, de forma rigurosa y sin arrogancia, los vínculos entre los seres humanos y el entorno. Registramos los sonidos de la vida. Mapeamos nombres olvidados por las cartas oficiales.
Las actividades científicas son profundas, sensibles, de campo y transversales, muy lejos de laboratorios estériles:
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Paisajes sonoros de la Patagonia y el Ártico (más de 500 horas de archivos de sonido).
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Cartografía lingüística y toponímica de 3.000 puntos terrestres y marinos (selk’nam, yagan, haush).
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Investigación etnológica y bioacústica en los fiordos, desde el estrecho de Magallanes hasta el cabo de Hornos.
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El programa “Voces de las abuelas”: un amplio proyecto de recopilación y restitución de archivos etnográficos a quienes les pertenecen. No se roba la memoria; se devuelve, se comparte.
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Talleres y tripulaciones mixtas, donde todos se convierten en pasajeros de la ciencia: botánicos, navegantes novatos, narradores, estudiantes de secundaria, acústicos, pescadores, soñadores…
Aquí, las disciplinas no se suman; convergen en una narrativa compartida, tejida colectivamente.
Un barco como campamento base y herramienta de acción internacional
Nadie se sorprende de que la ciencia tenga lugar aquí a bordo de un velero. En 2023, gracias al apoyo de los miembros de la asociación, Karukinka adquirió Milagro, un ketch sueco de 20 metros. Cargado de depósitos de agua y sueños, se convierte en un campamento base flotante, un refugio, una baliza, una escuela de vela y un estudio creativo.
El futuro de las expediciones de Karukinka
En una década, Karukinka ha pasado de una travesía solitaria a una ONG reconocida, con una agenda científica y artística Norte‑Sur profundamente desarrollada. Mirando hacia el futuro, estamos comprometidos a:
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Ampliar el retorno de nuestros archivos multilingües a los pueblos originarios.
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Acoger residencias artísticas y científicas en territorios selk’nam y yagan para 2027.
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Proporcionar acceso público gratuito a nuestros datos recopilados (sonidos, mapas, relatos) a partir de 2030.

Durante la última década, Karukinka ha evolucionado de una travesía solitaria por la Tierra del Fuego a una ONG reconocida, equipada con una embarcación de altura y una agenda científica y artística que une ambos hemisferios. Nuestro recorrido demuestra que una pequeña organización independiente puede generar un impacto profundo a través de la navegación, las redes académicas y los intercambios culturales.
Nuestro trabajo se define por el entrelazado constante de tres hilos esenciales: investigación empírica, creación colectiva y apoyo concreto a los pueblos originarios. A través de iniciativas como Voces de las abuelas y nuestro proyecto de Cartografía Originaria, hemos abierto un nuevo ciclo centrado en transmitir el conocimiento local y co‑crear una memoria viva con las comunidades del extremo sur.
En última instancia, Karukinka es un crucero de disciplinas, generaciones y lenguas. Es una aventura compartida donde la ciencia se nutre de la humanidad, y donde el conocimiento abraza el misterio del mundo natural. Quienes navegan con nosotros vienen a aprender, compartir y maravillarse. Regresan a casa transformados, con el corazón más amplio, lazos profundos y la profunda certeza de que el verdadero descubrimiento es, ante todo, un encuentro.
